El esplendor de Sócrates

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El esplendor de Sócrates

«Es como si las particularidades reales del mundo fueran completamente irrelevantes para el contenido de la verdad. Pero no pueden ser irrelevantes; y la filosofía del futuro debe imitar a las ciencias al tenerlas en cuenta cada vez mas elaboradamente.» (De «Complete Works of William James»)

Parece ser que toda rebeldía tiene el tiempo contado (quizás, al fin del día, no haya nada que merezca el adjetivo que pueda ser verbalizado, con lo que caeríamos en la cuenta de su imposibilidad, y lo que es aún peor, en el arrastre de toda virtud al terreno de lo absurdo – ¿ cómo nos damos cuenta que somos valientes o generosos?), toda vez que en su misma expresión se expone a la misericordia de su oponente, y parece ser el caso repetido una y otra vez en la relación de la filosofía con la ciencia, en la imposibilidad de la filosofía de encontrar un lugar (¿no deberíamos ya habernos resonado a la creación de anaqueles acaso tan fantásticos como la Babel de Borges? – pero está claro que nuevamente y a pesar de las advertencias, hemos caído sin que­rerlo otra vez en un no-lugar), forzándola en la cama de Procusto de las universidades que sin otra alternativa la arrojan a los cálculos como solución a sus problemas, como si advirtieran la posibilidad de encarrirarla, como si fuera objeto de lástima, merecedora de clemencia porque se advirtiera que al final del camino, no es tan mala – prueba de ello es su aparente incapacidad de generar cambios -, enderezamiento forzado aún por aquellos expulsados del sistema (¿no pretende Rupert Sheldrake ingresar a la currícula la telepatía y la resonancia mórfica, como materias de investiga­ción de cambio de paradigma?) que no encuentran – probablemente porque no hay – el resquicio para la comunicación del portento indomable que a veces se solapa con una fórmula, otras veces es y no es, y mas tarde es insinuación y estruendo, que no acepta accesos privilegiados (¿será por eso que las técnicas de meditación no sirven para nada más que para el peor de los engaños, aquel que sufren los que creen que han podido excepcionalizarse de la estafa?) y por lo tanto nos compete a la tarea de organizar su aparición, ese no-lugar pleno de la filosofía que recorre los intersticios de todo lo que encuentra, destinada al fracaso que Sócrates lució espléndido.