

El fantoche de la realidad sin lenguaje
«Porque dentro del conjunto ellos (sensaciones, emociones, ideas) no ocupaban espacio y no se preocupaban por expresarse por medio de símbolos; se impregnaban y se fundían entre sí. Por lo tanto el asociacionismo comete el error de reemplazar constantemente el fenómeno concreto que tiene lugar en la mente por la reconstrucción artificial de la filosofía.»…» Solo en proporción a medida que profundizamos por debajo de la superficie y bajamos al yo real, sus estados de consciencia dejan de estar en yuxtaposición y comienzan a impregnarse y fundirse el uno en el otro y cada uno se tiñe con el color de todos los demás.»…» No hay una medida común entre mente y lenguaje.»(De «Henry Bergson Premium Collection»)
Siguen perfilándose 2 ámbitos a los que habrá que darles las debidas precisiones (ahora, ¿no parece un contrasentido buscar delimitar lo que por definición es ilimitado, aquello que encierra en su interpenetración el universo indescriptible? , no estamos aquí en la necesidad de la sinceridad brutal de Wittgenstein que nos empeñamos en desdeñar?), por un lado el no-lugar (nunca mejor dicho, en su independencia absoluta del espacio) en donde reina la duración, que aborrece el principio de no contradicción (no es casual que aquí el villano sea el espacio – aunque, si quisiémos (y no queremos) ser justificados por la ciencia, estaríamos en problemas con la fórmula probabilística del principio de indeterminación de Heisenberg), en una lógica distinta que nos recuerda a Hegel, aunque la manera de rescatarlo de su sombra y confusión se presenta absolutamente diferente, si pensamos que para Bergson, es el otro ámbito, el del lenguaje el traidor responsable del mundo aparente, de esa Maya que nos hace perseguir fantasmas, proponiendo acceso directo a la verdad enmascarada con promesa de curación (no es casual cierta veneración de Bergson por la hipnosis y el alejamiento crucial de esa disciplina por Freud al momento de la inauguración de su saber), integrando lo que el lenguaje ha separado a la vida misma que hemos disecado con nuestros vanos con conceptos que han sustitudo a la realidad, mientras que para Hegel (siempre mas cercano al psicoanálisis) son los conceptos mismos los imprescindibles para desenvolver una verdad, que sin ellos, es pura fantochada.