

El flujo perdido
«Los campos cuánticos, que son organizaciones dinámicas de energía distribuidas en el espacio-tiempo, parecen haber eliminado las nociones clásicas de partículas elementales del panorama ontológico… Los campos cuánticos, en otras palabras, son primarios, y los diversos tipos de partículas a las que se refieren las físicas son entidades derivadas que aparecen sólo después de la cuantización.”…»El metabolismo también incluye los procesos por los cuales los organismos disipan energía y excretan desechos materiales de vuelta a su ambiente, cumpliendo así con la 2ª ley de la termodinámica.”…»Cualquier célula o cualquier tejido dado ejemplifica un estado estable dinámico, del cual solo la forma permanece, mientras que su constitución material se renueva constantemente por eventos metabólicos.»…»si uno se focaliza en la materia más que en la forma y permite por un suficientemente extendido de tiempo, la naturaleza de flujo de los organismos macroscópicos se vuelve perfectamente evidente» (De «Everything Flows», por John Dupre)
A estas alturas el experimento de la doble rendija («double slit experiment») — una fuente de partículas, una placa con 2 rendijas y una sorprendente pantalla que muestra el patrón de interferencia causado por ondas y no por —llamémoslos— corpúsculos— ya pertenece a la literatura de divulgación para ejemplificar el ambiguo comportamiento como partícula o como onda de – digamos – el mismo objeto analizado (o definido por la misma disciplina con su aparato teórico-instrumental), aunque no se deberían obviar nuevos experimentos-teorías que ponen en duda esa interpretación («dark photon», etc), que hacen aún más evidente la codependencia de lo que se encuentra con lo que se busca (con la secreta esperanza de romper el círculo, ahora con la promesa de la IA que ilusiona en la manipulación de infinitos datos – aunque no se entiende como la masividad de información ayudará a la asepsia y novedad de los patrones) y ponen una vez más de relieve, no una debilidad circunscripta a una epistemología que no teme a ser escudriñada (al fin del día pertenece a su definición el ser revisada), sino la imposibilidad de una ontología que no sea ontología, como si la misma palabra estuviera cansada de ser ella misma, perteneciendo al conjunto de aquellas que avergüenzan a una época, impulsando a la creatividad para eludirlas en el albur de una invención revolucionaria – quizás la angustia de la influencia toma su parte aquí, subsumidos siempre en el aluvión que desde atrás nos incorpora – que no llega, porque se sucumbe en el intento, insensiblemente cosificando procesos que sostienen al caos, con estados estables como «point de capiton» que respetan a la entropía, renunciando, sin confesarlo, a dejarse llevar por ese flujo definitivamente perdido.