El gusano partido

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El gusano partido

“Prop XLV.Cada idea de cada cuerpo, o de cada casa particular realmente existente, necesariamente implica la esencia infinita y eterna de Dios.»…”Nota – Por existencia no me refiero aquí a la duración – esto es, existencia en tanto es concebida abstractamente y como una cierta forma de cantidad. Estoy hablando de la misma naturaleza de la existencia, que es asignada a casas particulares, porque ellas siguen en número infinito y en infinitas formas la necesidad eterna de la naturaleza de Dios. Yo estoy hablando, repito, de la existencia misma de las cosas particulares, en tanto están en Dios. Porque aunque cada cosa particular esté condicionada por otra cosa particular para existir en una forma dada, sin embargo la fuerza por la que cada cosa en particular persevera en su existencia se deriva de la necesidad eterna de Dios.» (De «Ethics», B. Spinoza)

«A Bird came down the Walk – / He did not Know I saw – / He bit an Angleworm in halves / And ate the fellow, raw”

«Un Pájaro bajó por el Camino – / No sabía que yo miraba – / Él mordió una Lombriz en mitades / Y se comió al tipo, crudo.» (328, Emily Dickinson).

Sin saberlo, la hermana Brigid («La muerte de Robin Hood», película de M. Sarnoski) se adelanta al dilema de la aproximación antrópica, maravillada por el balance estadísticamente imposible que hace girar al mundo o la propagación de sonido que hace resonar ideas en los cerebros, entre otras incontables maravillas desapercibidas, balance de una fragilidad tal que un sutil cambio en los más alejados puestos decimales de las que la física llama «constantes», puede desbaratar átomos, cuerdas, universos, perspectiva que contra todo pronóstico arroja luz a la crueldad sin medida de Robin Hood, destronado del mito del héroe para poblar otro en el que la sangre corre por cabezas perforadas, ojos vaciados, gargantas de niños abiertas, en una danza mecánica, con la fuerza bruta y ciega como único protagonista, que hace aparecer y desaparecer personas y venganzas en la forma de un Karma interminable que ejemplifica asombrosamente ese apego sobre apego sobre apego, convirtiendo todo en un inútil purgatorio con destino a ninguna parte, pero a la vez trae una tenue pista de lo que no está sujeto a la imaginación que no alcanza a ver el extraordinario espectáculo de cosas convertidas en burbujas que se generan, crecen y estallan todas sobre un mismo elemento, como sarpullidos de la piel divina de Spinoza, con un antes y un después convertidos en irrelevantes, derrotados por la manifestación de lo que solo puede ser advertido en la gracia de un presente capturado y convertido en glorioso, por fuera de juicios morales que demuestran una vez más un provincianismo tosco y distractor (¿quién es más cruel, el que mata o el que se apiada?), dejando libre el camino para la intervención de cualquier arte que no tiene otra misión que convertir al gusano partido y su atroz fin en una escena de una eternidad incomparable.