El movimiento absoluto

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El movimiento absoluto

» En los procesos del arte encontraremos, en una forma debilitada, una versión refinada y en cierta medida espiritualizada de los procesos comúnmente utilizados para inducir el estado de hipnosis.» (De» Henry Bergson Premium Collection»)

» Como es habitual en la psicoterapia hipnótica, combatí las representaciones patológicas presentes mediante ase­guramiento, prohibición, introducción de representaciones contrarias de todo tipo, mas no me contenté con ello, sino que fui tras las huellas de la historia genética de cada sínto­ma a fin de poder combatir las premisas sobre las cuales se edificaban las ideas patológicas.”…”No es un hecho casual el que los delirios histéricos de las monjas, en las epidemias de la Edad Media, consistie­ran en graves blasfemias y un desenfrenado erotismo, ni tampoco que precisamente los niños mejor educados y más formales sean los que en sus ataques histéricos se muestren más groseros, insolentes y ‘mañosos'». (De» Un caso de curación hipnótica», por Sigmund Freud)

Es al menos raro encontrar asociados el arte y la hipno­sis, sobretodo si nos mantenemos en el dualismo bergsoniano de inmovilidad-flujo continuo (recordemos el origen del chiste desde esta óptica como vigilante social, denunciando y castigando a lo estático) y al arte en su cercanía con el chiste, aparente­mente sin compartir el rol policial (aunque de alguna manera, hundiéndose más allá de los conceptos, asume su función delatora), mostrando supuestamente una reali­dad más profunda que subyace a las disecciones utili­tarias, quizás con Freud ayudándonos a comprender la hipnosis como herramienta en principio de suge­rencia/orden al paciente que obedece (parece difícil entender al arte de esta forma, más allá de los esnobismos que actúan como modas, cercanas a ese proce­dimiento), para convertirla luego en un instrumento que da que hablar (el comienzo de la» talking cure»), que no es otra que el enlazamiento de lo aislado en su caracter contradictorio imposible de asimilar en la vigilia con la mayor cantidad de nodos posibles, esto es, desplegar en la metonimia lo que concentra­do no puede ser disuelto, método a las claras en las antípodas del arte que intenta contra viento y marea mantener la contradicción en su angustia más pura, sin solución (salvando el recurso del que dan testimonio las monjas de Freud con su desenfre­no completamente fuera de lugar) y a la que accedemos, paradójicamente, en lo inerte que no quiere ser desplegado porque es el movimiento absoluto.