El mundo de las hormigas

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El mundo de las hormigas

«El registro del gramófono, el pensamiento musical, la partitura, las ondas de sonido, todos se mantienen unos a otros en esa relación interna pictórica, que se mantiene entre el lenguaje y el mundo. Para todos ellos la estructura lógica es común (como los dos jóvenes, sus dos caballos y sus lirios en la historia). Todos son en cierto sentido, uno.» … «Para entender la esencia de la proposición, considere la escritura jeroglífica, que muestra los hechos que describe. Y de eso surgió el alfabeto sin que se perdiera la esencia de la representación.» (De «Tractatus Logico-Philosophicus», de Ludwig Wittgenstein)

La relación pictórica nos es dada a partir de una estructura en común entre lo que describe y lo que es descripto, es decir, cómo la partitura reflejaría la música (sabemos que los músicos «escuchan» la melodía al momento de leer los pentagramas) si no compartiera los mismos tiempos, respetara los mismos espacios, habitara, en fin, el mismo ámbito que los pone en común, como el lenguaje y el mundo (si quisiéramos ser más modernos diríamos las palabras y las cosas), con la particularidad de cierta complicidad que permite que el lenguaje tenga valores de verdad, es decir, que ciertas proposiciones sean verdaderas, y otras falsas, posibilidad de la que el avance científico da cuenta, aunque no estaría de más introducir hacia atrás la idea khuniana de paradigma que de alguna manera nos permite entender mejor la propuesta wittgenstiana retroactivamente, dando a entender que ese engarce de los símbolos con el mundo no es uno y para siempre, que demostraría en su estabilidad la tan promocionada objetividad, sino que son parte indivisa de una asociación que en un momento y en un lugar, permite la manipulación necesaria para la supervivencia pero que está en un plano completamente ajeno a la posible explicación del mundo, quimera sujeta a intenciones de dominación y cuya defensa promete privilegios (puestos académicos, fondos abundantes para hacer lo que a uno le gusta, altos niveles en la jerarquía social — todo lo que justifica largamente las grandes peleas y el desprecio por lo que no pertenece a la estrechez del propio lenguaje), y que no difiere, en esencia, a la forma en que las hormigas organizan, al menos con el mismo grado de eficacia que nosotros pero con una aproximación esencialmente diferente, sus particulares y enigmáticas colonias.