El olvido mágico

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El olvido mágico

«La mecánica cuántica convencional iba del presente al futuro resolviendo ecuaciones diferenciales – el llamado método Hamiltoniano. Las físicas hablaban de «encontrar el Hamiltoniano» para un sistema.»… En la visión de acción directa a distancia de Wheeler y Feynman, el método Hamiltoniano no tenía lugar. Esto fue a causa de la introducción de los retrasos del tiempo»…”Uno nunca sabia cuando algún efecto retrasado se precipitaría en la foto del pasado (o en el caso de Wheeler y Feynman, del futuro). Porque el pasado y el futuro interactuaban, el acostumbrado punto de vista de la ecuación diferencial se rompía. La alternativa de la mínima acción o el abordaje Lagrangiano no era un lujo. Era una necesidad. (De: «Genius: The life…of R.Feynman”, por J. Gleick)

La Carta «demorada» – la traducción como La Carta Robada no le hace honor a la belleza escondida – de E.A. Poe, renovó el dilema psicoanalítico (o debemos decir directamente, lacaniano) de la llegada o no a destino – y no es un tema menor si consideramos pagar el precio de sus consecuencias (la seguridad del destino conduce a circuitos cerrados, y sistémicos) -, en el que sobrevuela la idea de la significación «aprez-coupe» (que excede la igualmente curiosa característica de nuestras oraciones, que se construyen de atrás para adelante), que pone patas arriba la flecha del tiempo, generando el pasado desde el futuro – flecha, que debemos recordar, está relacionada con condiciones de contorno específicas que quieren verificar el 2ndo principio y su entropía, impuestas para el cálculo de motores -, llevando a juicio al origen de las ecuaciones que nos gobiernan (continuidad que permite las ecuaciones diferenciales de 1ero y 2ndo orden (velocidad y aceleración) y que empuja hacia adelante – quizás la misma marea lleve al conjunto de físicos de un paradigma a no cuestionarse sus suposiciones, en el vértigo en el que no nos es permitido dudar en los escasos años de vida que nos han sido concedidos), dando un testimonio inesperado de una diferencia abismal entre la compulsión de nuestro juicio cotidiano y lo ilimitado (muy alejado, a pesar de la fachada, de las budistas verdades aparentes y últimas, que desafortunadamente descalifica y esencializa al mismo tiempo, apelando a autoridades fantasmales), porque el fotón del quasar a una eternidad de distancia, debe su existencia a un ignoto receptor al que siempre ya estuvo dirigido, congelando súbitamente el universo, con cada uno de sus átomos (o como se llamen), sabiendo su destino pero ignorándolo en el mismo instante, dibujando en el trayecto un mágico y artístico olvido.