

El pliegue del tiempo
“Entonces, en tanto consideremos las cosas como modos del pensamiento debemos explicar el orden de toda la naturaleza, o toda la cadena de causas, a través del atributo del pensamiento solamente. Y en tanto consideremos a las cosas como modos de extensión, debemos explicar el orden del todo de la naturaleza a través de los atributos de la extensión solamente y así siguiendo en el caso de otros atributos.”…”Prop VI. Las ideas de cosas particulares, o de modos, que no existen, deben estar comprendidos en la idea infinita de Dios, en la misma manera que las esencias formales de las cosas particulares o modos están contenidos en los atributos de Dios.” (“Ethics”, B. Spinoza)
“Ah Girasol! cansado del tiempo / Que cuentas los pasos del Sol: / Buscando ese dulce clima de oro / Donde termina la jornada de los viajeros.” (“Ah! Sun-Flower”, W. Blake)
“El faisán de los pantanos encuentra un bocado de comida cada diez pasos y un trago de agua cada cien pasos, pero no busca que lo alimenten y lo mimen en una jaula. Pues aunque su espíritu pueda reinar supremo ahí, no le serviría de nada.” (Zhuangzi)
Hay algo de un preanuncio en las dramáticas vicisitudes para llevar a puerto la película Hammett (Wim Wenders), incluida la renegación de su propio director, obligado a reescribir el guión una y otra vez, obligado, entre otras cosas, por las mismas presiones que el capitalismo impone, denunciado en el mismo film (novela negra invadida por el poder corrupto), como si se estuviera en presencia de un esquema que se multiplica, ejemplo de una fractalidad debida a la escasez de las herramientas humanas de percepción, variadas en matices de acuerdo a paradigmas de época pero siempre encarceladas en las condiciones de posibilidad de ese falible conocimiento de segundo grado al cual se está condenado sub specie durationis, una especie de Jano, con una de sus caras mirando la serie de lo que es permitido ver, pero la otra forzando la spinoziana sub specie aeternitatis, como si la secuencia que lleva del inicio al fin, ligada por leyes en abismo (confundidas por la ciencia para dar lugar a la meca de la unificación o los multiversos, etc., sin advertir que el horizonte siempre se correrá en la misma distancia), como esos juegos en los que el objeto es pateado al momento de agacharse a recogerlo —por definición, el entendimiento provinciano está desalojado del techo siempre renovado de Dios—, fuera inevitable en su recorrido a primera vista absurdo (siempre los resultados son asombrosamente pobres, sujetos como están al cruce de sucesiones inabarcables) que exigen la aparición previa de la fe, como si el more geométrico la precisara desde su mismo inicio y en el sostenimiento de un esfuerzo gigantesco que no asegura iluminación (cualquier promesa de beatitud en jaulas tiene el destino de un certero fracaso) pero que corre el albur de ver los esplendores del sub specie aeternitatis encimado al tiempo.