El principio y el fin

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El principio y el fin

«Si el camino que he señalado que conduce a este resultado parece extremadamente difícil, no obstante, puede descubrirse. Debe ser difícil, ya que rara vez se encuentra. ¿Cómo sería posible, si la salvación estuviera al alcance de nuestras manos casi todos los hombres y pudiéramos encontrarla sin mucho esfuerzo, que casi la abandonaran? Pero todas las cosas excelentes son tan difíciles como raras.» (De «Ethics», B. Spinoza)

​»Pain – has an Element of Blank – / It cannot recollect / When it begun – or if there were / A time when it was not – / It has no Future – but itself – / Its Infinite realms contain / Its Past – enlightened to perceive New Periods – of Pain» (650, Emily Dickinson)

​»El Dolor – Tiene un Elemento de Vacío – / No puede recordar / Cuando comenzó – o si hubo / Un tiempo en que no existía – / No tiene Futuro – más que a sí mismo – / Sus reinos Infinitos contienen / Su Pasado – iluminado para percibir Nuevos Períodos – de Dolor»

​En una época en que siempre es exigible un Plan (más cuando hay inversionistas en el medio), lo que ha llamado la atención de Shadows (John Cassavetes) ha sido el cuadro final que anuncia retrospectivamente que todo lo que se ha visto ha sido producto de la improvisación, comentario que oscurece el objetivo del film, que aparece en ​»Una mujer bajo influencia» (“A woman under the influence”, John Cassavetes) que consiste en invertir la técnica habitual del cine que privilegia el encuadre, la iluminación y la edición por sobre el actor/actriz, concediendo a estos últimos el verdadero centro de todo el andamiaje, solo construido para capturar esa expresión única de una emoción y no su aniquilación (el estar o no en cuadro, el tener o no la iluminación correcta desenfoca al actor/actriz, impidiendo el florecimiento de lo humano, la irrupción del origen de todo lo demás, es decir, de la Verdad que el arte puede desembozar (quizás el intento de Cassavetes sea el de equiparar el cine al teatro, desalojando a toda la expertise técnica, de la que el teatro, de todas maneras, no carece), haciendo surgir el dolor o la alegría de la que parte todo lo demás (Las virtudes y los vicios no son otra cosa que las consecuencias necesarias de un conatus que anhela para perseverar en su ser, en la búsqueda de la imposible espontaneidad («Sé tú misma», conmina Nick a Mabel, luego de su estadía en el hospital psiquiátrico, que ejemplifica la asfixia del vínculo que no admite salida — aún sabiendo que significa ser uno mismo, el obedecer es a la vez abdicar de la misma posibilidad que se persigue, aún sin saber detectar su producción, en el desdoblamiento constante de toda acción («Borges y Yo» es la pieza magistral que desnuda el efecto), pero privilegiando el dolor, que de todas formas se habrá de abrazar — fuera de Spinoza, como el verdadero motor, único capaz de divisar su origen y vaticinar el futuro por ser él mismo el principio y el fin.