

El resguardo a la locura
«Por ejemplo, vemos un tramo de carretera y un camión moviéndose a lo largo de él. El camino visto instantáneamente es una parte de la recta “Ro”, por supuesto, solo una aproximación a él. El camión es el objeto en movimiento. Pero el camino como es visto nunca es atravesado. Se piensa como siendo atravesado porque los caracteres intrínsecos de los eventos posteriores son en general tan similares a los del camino instantáneo que no nos molestamos en discriminar.» (De «The Concept of Nature” por A. N. Whitehead)
La ciencia ficción (es curiosa la dificultad de predecir quien abre el camino para una nueva especulación, algunas veces la ficción pidiendo ayuda a la física y otras veces, la física inspirada por la ficción) nos ha facilitado la imaginación (sobretodo con el advenimiento del cine, que aún en su variante digital, no deja de ser un exponente privilegiado del tiempo, demostrándonos performativamente su posible abolición) para entrever espacios sin tiempo, y recordamos aquí al físico Julian Barbour que desprecia al tiempo como una ilusión, basando el pasaje de un plano al otro solo por reglas geométricas que rigen alejamientos y acercamientos (estamos en la relatividad general y la relación de cada encuadre con la configuración instantánea del universo), enfrentándonos una vez más a un término final rígido que le otorga sentido a todo (en este caso, la determinación de la gravedad por las curvaturas), último término en el que la novedad llega a su fin, aunque la infinitud de las disposiciones envueltas torna inconcebible cualquier predicción (¿pero no estamos aqui otra vez en la imposibilidad de pensar un sistema cerrado consistente y completo, sujeto como está a la auto-reflexividad que está destinada a destruirlo? – nos es imposible como las infinitas configuraciones pueden cambiar sus propias reglas de formación), dando paso a la metafísica que Whitehead propone (quizás la diferencia con la física – relacionado con el principio de falsibilidad que está dispuesta a no cumplir – estribe en la confesión de su fe que da cuenta de cierta valentía frente al utilitarismo que encuentra su ventaja en sus mezquinos resultados locales), inspirándonos a flotar en un instante eterno, asegurándonos que la naturaleza se encargará por sí sola de engarzar ese momento único con los que siguen para alejarnos de la locura.