

El sueño y la vigilia
«Lo que debería decir es que cada sensación se altera por la repetición, y que si no me parece que cambie de un día para otro, es porque la percibo a través del objeto que es su causa, a través de la palabra que la traduce.»…» Pero si cavando por debajo de la superficie de contacto entre el yo y los objetos externos, penetramos en las profundidades de la inteligencia organizada y viva, seremos testigos de la unión o mas bien de la mezcla de muchas ideas que, una vez disociadas, parecen excluirse mutuamente como términos lógicamente contradictorios.»… » Veremos que las contradicciones implícitas en los problemas de causalidad, libertad, personalidad, no surgen de ninguna otra fuente, y que, si deseamos deshacernos de ellas, solo tenemos que volver al yo real y concreto y renunciar a su sustituto simbólico. (De «Henry Bergson Premium Collection»).
No deja de ser un lugar común – cualquiera sea la forma que tome – esa separación entre ámbitos inconciliables, apartados en este caso, por esa lámina sin espesor (que deberíamos definir como un nuevo medio que precisa a su vez de otro y así al infinito) que a la vez las comunica (casi estámos en presencia del intento de poner en relación a Heráclito con Parménides – quizás sea ese el intento de toda filosofía -, esta vez de una manera gráfica que no puede dejar de ser un símbolo, es decir, sin satisfacer esa exigencia imposible para que la lámina (recordemos que no tiene volumen) sea símbolo de un lado y flujo del otro), complicación que muestra su valor cuando recordamos el cuento “El otro” de Borges, en el que la lámina exhibe una inusitada porosidad, prestando indistintamente movilidad y permanencia, cambio y símbolo, actuando a la manera de una red que sin atraparlo, nos revela el fantasma que pasa por ahí innumerables veces (¿no está justificada una idea filosófica si da lugar a estas anunciaciones indescriptibles?¿y no es quizá el principal propósito de la metonimia incesante que se reconoce a sí misma como inútil en cualquier aspecto práctico?), y caemos en la cuenta que la proliferación de contradicciones tiene en su base aquella primera separación que exige conexiones de conexiones (como los episodios de comedia en los que una pérdida se soluciona con un caño que la traslada a otro lugar al que se le vuelve a conectar otro caño y así sin fin) por el solo hecho de obligarse a mantener la lógica clásica en lo real, impidiendo el desembozado de una vez y por todas de aquello que los sueños nos marcan tan claramente y que al mismo tiempo haría estallar su diferencia con la vigilia.