El uno que es muchos

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El uno que es muchos

«La «membresía» siempre se referirá a las ocasio­nes reales, y no a objetos duraderos subordinados compuestos de ocasiones reales como la vida de un electrón o de un hombre.»…»Siempre que estamos preocupados por el espacio ocupado, estamos tratando con este tipo restringido de sociedades corpusculares; y cada vez que pensamos en el campo físico en el es­pacio vacío, estamos tratando con sociedades de tipo mas amplio. Parece como si las carreras de las on­das de luz ilustraran la transición del tipo mas restringido al tipo más amplio.»…»Por lo tanto nues­tra época cósmica se concibe principalmente como u­na sociedad de ocasiones electromagnéticas, inclui­das las ocasiones electrónicas y protónicas, y solo ocasionalmente, en aras de la brevedad en la decla­ración como una sociedad de electrones y protones. Existe la misma distinción entre pensar en un ejér­cito como una clase de hombres, o como una clase de regimientos.» (De «Process and Reality», de A. N. Whitehead)

No es raro que nos encontremos en situaciones en las que se nos aparece acuciante la necesidad de separar, como si en esa acción estuviera escondida alguna verdad y no a mucho andar, nos asalte la necesidad imperiosa de volver a unir (¿no es el mismo juego siempre, con diferentes tableros, hundi­do en la raíz que Freud nos enseñó que consiste en ritmo y geometría y que nos acerca y nos aleja de la muerte?), como si un olvido estructural nos obli­gara a pendular y lo que es aún peor, a elegir, a veces con cierto fanatismo que se origina en la certeza, una de las dos opciones, desechando la otra (podemos epitomizarlas con el científico por un lado y su afán por diseccionar y al poeta por el otro, atormentado por unir), probablemente como consecuencia de ese impulso de permanencia que parece atacar a todos los reinos, ajeno a una exclusi­vidad demasiado humana – a primera vista, que consideremos campos magnéticos o compongamos objetos con masa, parece ser prerrogativa de nuestros cerebros, tendencia que nos hace. caer ineludiblemente en idealismos -, extensión que podría abrirnos una perspectiva inusitada si, en un paso mas de nuestro experimento (que a su vez exige la medida justa para no disolvernos – ¿pero que meta-regla gobierna esa justa medida?) hacemos coincidir, sin reducir, el corpúsculo con la onda, el electrón con el campo, la roca con la vibración, ensimando y separando en un solo golpe de vista, a los hombres y a los regimientos.