Eppur si muove

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Eppur si muove

«He tenido una vida llena de personas que creen que la respuesta está a la vuelta de la esquina. Pero una y otra vez ha sido un fracaso. Eddington que pensaba que con la teoría de los electrones y la mecánica cuántica todo iba a ser simple. Einstein que pensaba que tenía una teoría unificada a la vuelta de la esquina pero no sabia nada sobre núcleos y fue incapaz por supuesto de intuirla. La gente piensa que están muy cerca pero yo no lo creo. Si la naturaleza tiene o no una forma última, simple, unificada y hermosa es una pregunta abierta y no quiero estar ni de un lado ni del otro.»

«Entonces no estamos más cerca de la unificación que en la época de Einstein? preguntó el historiador. «..» Es jodidamente inutil hablar de estas cosas. Es una completa pérdida de tiempo. La historia de estas cosas es un sinsentido. Estás tratando de hacer algo difícil y complicado de algo que es simple y hermoso. » (De «Genius: The life of R. Feynman», de J.Gleick)

Más allá de la verdad encerrada en el mito que dice que solo unas pocas personas en el mundo entiende la teoría de la Relatividad (para no hablar de la(s) teoría(s) de las cuerdas – finalizado ya su auge que convertía los claustros en endogámicos con jueces que solo aprobaban los trabajos de sus propios espejos (condición que en realidad se experimenta con independencia de la moda) – o la cuántica, con significativamente más variables que ecuaciones, sólo domadas con las firmes riendas del laboratorio), lo cierto es que la imprescindible especialización conspira contra cualquier intento ecuménico (parte del discurso políticamente correcto de imposible complimiento), fenómeno que en realidad encubre una capa aún más profunda por lo simple, a saber, la incapacidad de los humanos de tener presente lo que excede de nuestras narices (los axiomas y teoremas se van dejando atrás, convirtiendo a cualquier parada en el camino en un enigma sin solución – cómo unir las capas que se han perdido irremediablemente – aún más aquellas que jamás se han dejado traducir?), destinando todo propósito consciente de entenderlo todo a un fracaso estructural y estrepitoso, aunque es posible entrever en el heroísmo de aquellos que perseveran conscientes de su anunciado naufragio – y se hace difícil pensar en su mera existencia -, al caballero de la fe que Kierkegard nos regaló, pura epitomizacion de una ética incomunicable que sabe que la gracia es inconmensurable a sus empeños y sin embargo…