Espíritus implacables

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Espíritus implacables 

“El Duque de La Rochefoucault ha observado muy bien que la ausencia destruye pasiones débiles pero incrementa las fuertes, como el viento extingue una vela pero aviva al fuego.”…”Pero nada tiene un mayor efecto tanto para incrementar y disminuir nuestras pasiones, para convertir placer en dolor y dolor en placer, que la costumbre y la repetición.”…”Como esta dificultad excita los espíritus, es la fuente del asombro, la sorpresa y todas las emociones que surgen de la novedad, y es en sí mismo muy agradable como toda cosa que aviva la mente a un grado moderado.”…”El placer de la facilidad (otorgada por el hábito) no consiste tanto en ningún fermento de los espíritus sino en su movimiento ordenado. Pero que, nuevamente, como la facilidad convierte dolor en placer, también a menudo convierte placer en dolor cuando es demasiado grande y vuelve las acciones de la mente tan débiles y lánguidas que ya no son capaces de sostenerlas.” (De “A Treatise of Human Nature”, por D. Hume)…

“…hemos arribado inesperadamente al puerto de la filosofía de Schopenhauer, pensador para el cual la muerte es el verdadero resultado de la vida.” (De “Mas allá del Principio del Placer”, por S. Freud)

“Se abrazaron, casi llorando. Ahora los unía otro vínculo: la mujer tristemente sacrificada y la obligación de olvidarla. (De “La intrusa”, por Borges)

En Permanent Vacations (película de Jim Jarmusch), Allie se desliza sobre la superficie de las casas sin intensidades diferenciales y sin siquiera el atisbo de la menor profundidad, como si viviera en una membrana sin espesor con su mente lánguida e impotente en busca de alguna pasión que la avive, recurriendo finalmente a un viaje a París condenado de antemano a fracasar (atestiguado por el parisino que viene a buscar lo mismo haciendo el camino inverso), exhibiendo en relieve el dilema que Hume mostró, en la aparente simpleza que reduce a la mente a la espera de aquello que le dé vida y la impulse (en “Only Lovers Left Alive”, Jarmusch dice desde el mismo título lo que impide a Adam, el vampiro, quitarse la vida eterna de una vez por todas, acción aconsejada taxativamente por su razón implacable, madurada en su escepticismo radical por su extensión de siglos que la convierte, si fuera posible, aún en más imbatible), que desarrollan variaciones imprevistas en el corazón mismo del combustible, otorgando a la novedad o al hábito la capacidad de alborotar u ordenar a los espíritus, alimentando o vaciando pasiones según la alineación de variables que permiten la detección après-coup pero nunca la predicción, impidiendo así la proyección hacia adelante —consecuencia lógica de estar tratando sobre la labilidad de una construcción de hábitos sobre hábitos— que Freud intenta en la teleología que le da a la muerte su reinado (que cree ver aún en los protozoarios), edificando hacia más abajo que el principio del placer, en la búsqueda interminable de la primera tortuga rebelándose al terreno plano (insurrección que comparte con todos los intentos de erigir estructuras de potenciales disciplinas, inevitablemente ligadas al lema “dos pasos adelante, uno para atrás”), en el que los hermanos Nilsen debaten sin palabras sobre el desastre al que el amor los ha conducido.