

Hablar y callar
«Los conceptos no eran, a sus ojos, las cosas estáticas autónomas que los lógicos anteriores habían supuesto , sino que eran germinativas, y pasaban más allá de ellos mismos del uno al otro por lo que él denominó su dialéctica inmanente»…»La verdad es eso que afirmas implícitamente en el mismo intento de negarlo; es eso desde lo que cada variación se refuta a sí misma al demostrar que es auto contradictoria. Esta es la visión suprema del racionalismo.»…»Por mi parte, parece que hay algo grotesco en la pretensión de un estilo tan desobediente a las primeras reglas de la comunicación con sentido entre las mentes, a saber la auténtica lengua madre de la razón…» (De «Completed Works of William James”)
Es al menos llamativo el tiempo que James dedica a Hegel, toda vez que siempre nos ha confesado su inclinación hacia el otro extremo de su oposición, el empirismo, que despierta la simpatía del pragmatismo por la aplicación de su pasión desde las partes al todo (cualquier cosa que eso signifique, si es que significa algo por fuera de la conveniencia instrumental), justamente la dirección opuesta a la hegeliana, pináculo del racionalismo que parte del todo (cualquiera sea el significado que esta palabra tenga), pero quizá las mismas citas que James nos trae, nos muestren, sin necesidad de explicación – y casi con seguridad, por fuera de sus propias intenciones fino es otro ejemplo de como la lectura debe despegarse del contenido manifiesto para permitir simplemente que nos señale, convirtiendo la prosa en poesía?) – lo que trabajosamente y sin éxito intenta conducir con las disecciones arbitrarias del lenguaje (cuando decimos «silencio», la misma palabra encierra el ruido cuya frecuencia no somos capaces de captar, cuando decimos «todo» volcamos a lo real su interior que no es otra cosa que parte de nuestra alocución) que no pueden, aunque se resistan como un condenado en el corredor de su sentencia de muerte, despegarse de su contrario (cuando digo muerte digo vida), llegando al extremo del silencio al que James se rebela, apelando a las reglas de comunicación que funcionan a puro principio de no-contradicción, olvidando que Hegel paradójicamente, tampoco enmudeció, al precio de convertir a sus ideas, en el mismo momento de entronarse en la cúspide del racionalismo, en absolutamente irracionales, en un giro fantástico que James, en su intención de comunicar, decide evitar para poder seguir divulgando en sus conferencias.