

Hanami sin promesa
«En cuanto a ideas falsas relacionadas con esencias, o aún con acciones, tales percepciones son siempre necesariamente confusas, compuestas por diferentes percepciones confusas de cosas que existen en la naturaleza, como por ejemplo, cuando los hombres se persuaden que las divinidades están presentes en bosques, en estatuas, en bestias brutas, y similares; que hay cuerpos que por su sola composición, dan surgimiento al intelecto; que los cadáveres razonan, caminan y hablan, que Dios es engañado, etc. Pero las ideas que son claras y distintas nunca pueden ser falsas, porque las ideas de cosas concebidas clara y distintamente son o muy simples en sí mismas o están compuestas de ideas muy simples, esto es, son deducidas a partir de ahí.» (De “On the Improvement of the Understanding”, Spinoza)
«Eligiendo formas de adoración de cuentos poéticos./ Y finalmente pronunciaron que los dioses habían ordenado tales cosas. Así los hombres olvidaron que todas las divinidades residen en el pecho humano.» (De “The Marriage…”, W. Blake)
«Ruo del Mar de Norte dijo, ‘No en absoluto. Porque no hay fin en la mediación comparativa de las cosas, ningún freno a los tiempos cambiantes, ninguna constancia en la forma que las cosas pueden ser divididas, ninguna fijeza en sus fines y comienzos.'» (Zhuangzi)
La atmósfera zen del primer fotograma (película “El sacrificio” / “Offret” de Tarkovsky), con el cerezo seco que promete un futuro Hanami, concentra en la punta de un alfiler el resto de la trama, como si el destino trágico de Alexander estuviera pre-embrionicamente anunciado, prediciendo sin esfuerzo sus acciones ajenas a la razón (la copulación icónica con su criada María, inspirada en la temible Anunciación de Leonardo, o la quema de su propia idílica casa), confiando en el ritual para un hipotético restablecimiento exigido por una plausible destrucción nuclear, confiando doblemente en un buen orden y en la herramienta espiritual para restablecerlo, características extrañamente similares a las que presenta en sus antípodas Spinoza, ahora como resultado de la dirección que regala verdad (sin haber sido testigo de la razón en su límite, en donde la materia se ha desvanecido y solo queda su reflejo oscuro y desconocido) para la reconstrucción de lo que la confusión aniquila, ambas abordajes ávidos de sentido, con un camuflaje peligroso en el primero (el sentido se esconde en la sombra de su opuesto, quizás la razón por la que el despertar debe metaforizarse en un golpe de puño), instalándose en un bálsamo posible, repitiendo el inevitable intento de captura que Blake denuncia, al precio de conceder al pecho humano la dimensión absoluta de lo que es sin relación a nada, nuevo velado comienzo de edificación, ciego a su propio deambular en el desfile que lo talla como a todas las palabras y a todas las cosas, desembocando ahora en la procesión sin fin de Ruo cuya afirmación se invalida a sí misma, que dirige otra vez la mirada a la repetición inútil del rito, esta vez en una suerte de Hanami sin promesa.