Hegel y Flores de Otoño (Película)

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Flores de Otoño, película de Aki Kaurismäki

​“La psicología de la observación, que en primer lugar establece lo que la observación encuentra con respecto a las formas generales traídas a su atención en la consciencia activa, descubre todo tipo de facultades, inclinaciones y pasiones; y ya que, mientras narra lo que contiene esta colección, el recuerdo de la unidad de la auto-consciencia no debe ser suprimido, la psicología observacional está destinada a obtener al menos la longitud de asombro que tal cantidad miscelánea de cosas pueden estar de alguna manera una al lado de la otra en la mente como en una especie de bolsa, más especialmente cuando no son vistas como cosas inertes sin vida, sino inquietos procesos activos.” (De “On Scientific Knowledge”, por Hegel).

​El teatro Nō, probablemente como cualquier otra cosa, atravesado como está de mitos de nacimiento y avatares históricos, impide el ejercicio genealógico, o más precisamente, lo circunscribe a narraciones metafóricas, ajenas a la dudosa objetividad (¿no nos mostró Foucault magistralmente lo que nos está permitido decir a partir de la enciclopedia china de Borges?), que nos abren la puerta para juzgar el significado de esas máscaras que impiden distraerse en los movimientos de los músculos de la cara (es sabido que disponemos de la mayor cantidad entre los animales, lo que más allá de toda teleología, parecen querer reflejar algún movimiento interno que no implica verdad alguna sino la participación en el juego estratégico para la supervivencia), para concentrarse en la sutileza de lo que se mueve vertiginosamente sin moverse (no es casual que los samuráis fueran asiduos concurrentes a las representaciones —podríamos traer aquí a Zatoichi, de Kitano—, como Hansa y Holappa en su historia de amor que no necesitan saber sus nombres ni haberse encontrado más que solo una vez, casualmente y a distancia, para estar convencidos de estar a punto de casarse, para saber que solo más allá de esa bolsa de facultades, inclinaciones y pasiones de las que la psicología observacional se ocupa según Hegel (¿no podríamos aquí extrapolar esta crítica de Hegel a todas las disciplinas ya que al fin del día tienen aspiraciones de normatividad?), apelando a la menor cantidad de movimientos (Hansa, Holappa y sus amigos ni siquiera sonríen luego de sus chistes), van a ser capaces de ser atravesados por el movimiento que en verdad estremece.