

La ajenidad
«De acuerdo al criterio de Davidson, los eventos x e y son idénticos sí y solo sí ellos tienen las mismas causas y efectos. El problema surge cuando reconocemos que las causas y los efectos son en sí mismos eventos, y entonces necesitaríamos un criterio de identidad para estos eventos causa y eventos efecto para que los eventos x e y sean idénticos, y así siguiendo para sus causas y efectos…» Quine propuso que los eventos son idénticos si y solo si ocupan la misma región espacio-temporal. Este criterio escapa a la circularidad, dado que no está basado en una concepción de identidad de evento sino en identidad de región.»…». «Imaginemos que una pelota está simultáneamente rotando y calentando. En la visión de Quine, la rotación y el calentamiento de la pelota son el mismo evento, porque ocupan la misma región espacio-temporal.”…»Una entidad es cohesiva…cuando las interacciones causales entre sus partes es más fuerte que las interacciones causales entre esas partes y su entorno, que garantizan su estabilidad contra perturbaciones.» (De «Everything Flows”, ed. por J. Dupré)
Una de las discusiones abiertas por el surgimiento de la IA retoma un viejo dilema acerca de la consciencia (el «hard problem»), epitomizado por la «habitación china» de John Searle (inputs que disparan outputs correctos pero ciegos), disputa que, excavando un poco, se reduce a la supuesta circularidad inherente a las redes neuronales (que intentan replicar lo que los fisiologos ven en sus prótesis de fMRI, en otro círculo escondido) – en realidad, más que un hecho excepcional, es un ejemplo más de lo que los sistemas sufren, como alertó Gödel (o, para una ilustración más cercana, el «Halting problem» de Turing) -, construida en capas integradoras con pesos que se modifican para definir caminos aprendidos hacia atrás, lo que en realidad invierte la carga de la prueba, desechando la necesidad de demostrar emergencias desde los chips, sino exigiendo ahora la demostración de una circularidad burlada en los humanos, tarea imposible si caemos en la cuenta que la investigación está en manos del mismo objeto, la razón, que no es otra cosa que el cemento de los sistemas (toda explicación cae indefectiblemente en abismo, con independencia del camino elegido: eventos que se explican con eventos, cohesiones que se explican con cohesiones – ¿de qué cohesión proviene el poder de esta misma cohesión?), intentando el escape en la dirección misma en donde espera el monstruo, desviando ahora la atención a Wittgenstein -«La tarea de la filosofía es mostrarle a la mosca la salida de la botella»-, frase que vira en el aire para cambiar el sentido standard preferido por la ciencia (la que le asigna a la filosofía una humillante labor administrativa) para convertirse en un manifiesto que espolea a buscar la diferencia no en el entendimiento que iguala sino en la tragedia y la gracia, ajenos al fundamento