La angustia de la contradicción

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La angustia de la contradicción

» Por sabiduría, no me escuches a mí, sino a la Pala­bra, y sepas que todo es uno. Aquellos que no son conscientes cuando escuchan, por todo lo que ha­cen de su inteligencia, pueden ser considerados muertos vivientes. La gente aburre su ingenio y no pueden usar sus oídos y ojos. Muchos no entienden lo que han visto y no pueden juzgar lo que han apren­dido, aunque se dicen a sí mismos que sabes.» (De » Fragmentos» por Heráclito-James Hillman).

La anisotropía fraccional detectada en autistas ( la que nos muestra el direccionamiento de la infor­mación a través de los axones, definiendo ratios entre direcciones únicas o variadas en la materia blanca) daba lugar a interesantes interpretacio­nes, tendientes todas a dar cuenta de la fenome­nología de la condición( la presencia de isotro­pías explicaba muy elocuentemente la capacidad de los artistas para» caminos cortos» y su dificultad manifiesta para los» largos», etc), todas colapsadas cuando en 2014 se advirtió que los resultados del scanner eran afectados significativamente por el movimiento de cabezas, principal causa ahora de aquel ratio que había despertado el grito de eureka con la certeza de una correlación imbatible, aunque lo curioso no es el fallo en sí mismo (los acólitos de la ciencia argumentaran con razón que ese no es otro que el sino mismo del progreso en nues­tra incursión en los arcanos de la naturaleza), sino aquello que por su misma evidencia nos hace ciegos, a saber, la imposibilidad de abarcar la infinita interrelación de infinitos campos o series o etc (en esto también, como con las muñecas rusas, volvemos a estar sujetos de la arbitraria agrupación en catego­rías con sus correspondientes deshechos), dejándo­nos solo la chance estadística (nos viene el recuerdo de David Bohm y su cruzada despreciada por mística por los ortodoxos relativistas y cuánticos, que nos aler­taba acerca de variables ocultas-que sin duda él mismo intentó develar), que nos permite amontonar para entender, trasladado a aquello que todavía nos hace hablar, diferenciando a Heráclito de Parméni­des, sin dar espacio a sus propios testimonios que nos muestran a Parménides en un vértigo inadmi­sible (“todo esta lleno con’untamente de luz y oscura noche”) y a Heráclito Haciendo uno al mismísimo flujo, recordándonos de paso nuestra imposibilidad de dar cuenta de un aprendizaje que solo emerge en la angustia de la contradicción.