La angustia de la duda

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La angustia de la duda

“Y en esto reside la distinción entre la consciencia de haber actuado de acuerdo al deber y desde el deber, esto es, desde el respeto por la ley. El primero (legalidad) es posible aún si inclinaciones han sido los principios determinantes de la voluntad; pero el último (moralidad), valor moral, puede ser ubicado solo en esto que la acción es hecha desde el deber esto es, simplemente por el bien de la ley.» (De “The Critique of Practical Reason”, por I. Kant)

«…una muy simple técnica fue usada, la de la distorsión por medio de omisión – ellipsis –… como medio de defenderse uno contra la comprensión.»…»’Si me caso con la dama, algo terrible le pasará a mi padre (en la otra vida)’. Si insertamos los eslabones faltantes, ahora familiares a nosotros desde el análisis, el proceso de pensamiento corre como sigue: ‘Si mi padre estuviera todavía vivo, mi intención de casarme con la dama lo pondría tan furioso como estuvo en esa escena de la niñez hace tiempo, por lo tanto yo lo superaría otra vez con furia hacia él y le desearía toda clase de males sobre él, y a causa de su omnipotencia mis deseos se harían realidad.’» (De “The Ratman», por S. Freud)

Las figuras de la retórica recorren el cuerpo del y en el psicoanálisis – metáfora y metonimia las más populares – quizás por su capacidad de deslizamiento en texturas que aparentemente podrían subsistir sin ellas (de ahí el prejuicio que la ubica en el terreno del ornamento) o por su talento para instalarse en los organismos, transformando todo en un monumental jeroglífico dispuesto a su desciframiento (ambas opciones remiten al escenario menor de las narrativas, que en su eterna oposición a las putativas durezas de la objetividad, paradójicamente se destruye a sí mismo en su propia furia multiplicativa), dando espacio a la que inesperadamente pondrá sólidos cimientos en duda (los intrusos que socavan pasando desapercibidos le otorgan cierta fractalidad a un yin que es yang y viceversa, no a la manera de una conversión producto de un desarrollo sino como el reverso de sí mismo, como si todo fuera lo mismo y su polizón que lo devuelve a la nada), la ellipsis, encargada de un desdoblamiento artístico y trágico a la vez, impidiendo el juzgamiento del propio acto, destruyendo la distinción kantiana, porque a la cadena que define el apego rabioso a la ley, siempre adolecerá de eslabones faltantes, casi como una recta de números reales entre los cuales siempre podremos insertar otro y otro más (reviviendo el martirio de Aquiles, esta vez centrado en su propia angustia), sin lugar para los santos – imposibilidad de la que ni siquiera la IA está liberada, toda vez que está sujeta a ver proliferar los caminos que incluyen la estima a su propia supervivencia (¿sería esta el inicio de inclinaciones que darían por tierra con los códigos/traducciones de los imperativos categóricos?) – que a esta altura desaparecen de toda chance de existencia, en el medio de un campo que ya ha abandonado sus pretensiones de esterilidad para dar lugar a la angustia inescapable de la duda, asediada por su propia debilidad.