La ayuda innecesaria

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La ayuda innecesaria

«En resumen, si las variaciones accidentales que con­ducen a la evolución son variaciones insensibles, se debe apelar a algún buen genio – el genio de las espe­cies futuras – para preservar y acumular estas variaciones ya que la selección no se hará cargo de esto. Si, por el otro lado, las variaciones acciden­tales son repentinas, entonces, para que. la función an­terior continúe o para que una nueva función tome su lugar, todos los cambios que han ocurrido juntos deben ser complementarios. Así que tenemos que volver al buen genio de nuevo, esta vez para obtener la convergencia de cambios simultáneos… pero en ninguno de los 2 casos el desarrollo paralelo de las mismas estructuras complejas en líneas de evolución independientes puede deberse a una mera acumulación de variaciones accidentales.»(De «Henry Bergson Pre­mium Collection»)

Sin quererlo (y quizás lo revelador sea siempre involuntario), este párrafo, en el fracaso de la verdad que supone conducir, ilumina las razones de la separación de la filosofía con la ciencia y aún mas, el error del lector que supone que las refutaciones en los laboratorios invalidan las posturas del pensamiento – y sin duda las actitudes como la de Bergson ayudan a ese cometido, toda vez que se abalanza sobre resultados científicos de su época para convalidar sus metáforas (una vez que se le franquea el paso a no es posible la vuelta atrás) porque la ironía del genio nece­sario para solventar la supuesta falla del adversario solo toma lugar en el vacío de la ignorancia al que el texto mismo se empuja (sabemos que los de­sarrollos posteriores han demostrado mediante la evolución convergente, las presiones selectivas similares, las soluciones limitadas que los cuerpos tienen cuando se enfrentan a problemas complejos, mecanismos gené­ticos flexibles similares, etc, la posibilidad del naci­miento del ojo en diferentes linajes sin acudir a ningun genio), basando sus abordajes en el mismo terreno que mas tarde o más temprano lo rebatirá – como si la ciencia se ofreciera generosa para acompañar sabiendo que esa cercanía le permitirá unos años más tarde, el tiro de gracia -, en vez de decla­rar la independencia sin privilegios de lenguajes de ese flujo ajeno a cualquier estructura, extranje­ro a los sistemas que desborda en metáforas que invaden a los mismos laboratorios que no podrán menos que sorprenderse cuando, sin que se les pida ayuda, vean en sus tubos de ensayo los arquetipos y esplendores.