

La brisa escondida
«Sin embargo, a pesar de que los propios SvantantriKas piensan que enseñan una comprensión que va más allá de los conceptos, desde el punto de vista de Prasangika, su comprensión sigue siendo sutilmente conceptual. Los Prasangikas argumentan que establecer el vacío a través del razonamiento es un intento sutil de comprender la naturaleza última con la mente conceptual.»…»Son inflexibles en no postular nada positivo o negativo. Algunos argumentan que este es un punto de vista deshonesto en el sentido en que uno simplemente deja de lado los problemas y se niega a permitir que los oponentes refuten sus puntos de vista.» (De «Progressive stages of Meditation on Emptiness», de Khenpo Gyantso Rinpoche)
No parece haber ámbito en donde la cantidad de seducidos por la propuesta no sea un objetivo en sí mismo – lo vemos en las universidades, en donde las modas mandan, aún en las ciencias consideradas más duras -, quizás como una característica que no pide ser evitada desde posiciones éticas siempre sospechosas (¿cómo sabremos que las invitaciones al ascetismo no están envueltas en intereses no tan heroicos? ¿como sabremos que nuestra generosidad es genuina, inclusive a través del dolor que puede provocarnos, en la incertidumbre de definir un umbral?¿no es la lista de Schindler la metáfora perfecta que nos lleva a que siempre faltará un nombre más?), sino aceptada irremediablemente (¿no es, en definitiva, en lo social donde se juegan los paradigmas bajo los cuales vivimos?), razonamiento que nos empuja a considerar los argumentos de los Prasangikas como deshonestos (y vemos aquí similaridades con los escépticos que, una vez fijada su posición, desmantelan el campo de batalla), actuando como niños que, al momento de estar en ventaja en el juego, destruyen las reglas que los han llevado al triunfo, impidiendo la continuidad del diálogo, trabando la metonimia que les posibilita en primer lugar su protagonismo, demostrando. que no hay salida fatigando el terreno en el que la contienda se propone, persistiendo sin embargo, sobre la misma superficie de las palabras y las cosas, la brisa sutil sin adeptos, destinada por siempre al más escondido anonimato que paradójicamente precisa de la agonística en principio inútil para resurgir una y otra vez.