La compasión

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La compasión 

“La creencia no consiste en la naturaleza y el orden de nuestras ideas, sino en la manera de sus concepciones y en sus sentimientos para la mente. Confieso que es imposible explicar perfectamente este sentimiento. Podemos usar palabras que expresen algo cercano a ello.”…”…es algo sentido por la mente que distingue las ideas del juicio de la ficción de la imaginación. Les da más fuerza e influencia, las hace parecer de mayor importancia, las fija en la mente y las convierte en los principios rectores de todas nuestras acciones.”…”Así, todo probable razonamiento no es más que una especie de sensación. No es únicamente en la poesía y la música donde debemos seguir nuestro gusto y sentimiento, sino también en la filosofía. (De “A Treatise of Human Nature”, por D. Hume)

“Una nueva experiencia de placer, la de dormir junto a su madre, se había convertido en decisiva para él; de sus varios componentes enfatizaríamos el placer del contacto de la piel que es constitucionalmente atractivo para todos nosotros.” (De “Little Hans”, por S. Freud)

“Pensé después: si estuviera ahí, sería con el tiempo una cosa más, una de las vanidades o hábitos de la casa: ahora es ilimitada, incesante, capaz de cualquier forma y cualquier color y no atada a ninguno.” (De “The Unending Gift», por J. L. Borges)

Ser impactado de algún modo por relaciones de similitud, contigüidad y causalidad como la forma de ser en el mundo, permite destruir taxonomías (generando un vacío que horroriza para ser cerrado con otras igualmente arbitrarias pero imprescindibles para la formación de los nodos de esas relaciones, producto de interacciones que terminan en ojos, narices, bocas, luego de chispazos aquí y allá provocado por campos que a la vez se modifican con sus propias creaciones —lo que da lugar a la siempre presente “extraña inversión” que permite pensar sin contradicción el carro delante del caballo en toda ocasión), negándole a la razón cualquier atisbo de privilegio, convertida en una extensión de lo mismo que todo lo recorre, como un resultado más de lo que ha sido arrojado para perseverar por alguna extraña casualidad, pero al mismo tiempo, como cada cosa que adquiere un perfil, con la posibilidad de invertir direcciones de influencia, otorgando la vivacidad — única diferencia, según Hume, en toda la cadena que se debe terminar para no desembocar en locura —, la única que puede impulsar a la acción en su carácter de creencia, como si la razón fuera otro cauce más para canalizar eso que parece gozar en las supuestas trampas que eso mismo se tiende, igualando carne y espíritu (“el espíritu es un hueso” dice Hegel), convirtiendo en azar lo que podría haber sido sellado desde el comienzo si solo el contacto de las pieles fuera el origen de todo, como si la razón se interpusiera entre los cuerpos como un cuerpo más o como si los cuerpos no fueran sino solo la idea, para que Juanito sea único como todos en el armado de universos, todos falsos y verdaderos a un tiempo que exige el esfuerzo de la compasión, sabiendo que todo podría haber sido absolutamente diferente.