

La corriente de la vida
«En un momento determinado, en ciertos puntos del espacio, ha surgido una corriente visible; esta corriente de vida, que atraviesa los cuerpos que ha organizado uno tras otro, pasando de generación en generación, se ha dividido entre especies y se ha distribuido entre los individuos sin perder nada de su fuerza, más bien intensificándose en proporción a su avance.»…»la vida es como una corriente que pasa de un germen a otro a través del medio de un organismo desarrollado»….»Lo esencial es el progreso continuo perseguido indefinidamente, un progreso invisible, en el que cada organismo visible cabalga durante el corto intervalo de tiempo quesele da para vivir.» (De “Henry Bergson Premium Collection”)
Parados como estamos en el medio de la hybris de nuestro sitiado yo, no nos posible reconocer el limitado encuadre que nos es dado para pensar (¿hay manera de desprenderse del lenguaje, del propio tiempo, de las certezas entregadas por el sentido común de la época que habitamos?) y está claro que remitiría a una gran audacia descreer del progreso a principios del siglo XX (aunque, hay que decirlo, todo tiempo a su manera hace difícil desligarse de la prosperidad recibida y la por la porvenir – probablemente una idea imprescindible para seguir viviendo) o poner en duda la teoría de la evolución (que, a pesar de ser objeto de múltiples interpretaciones – sin caer en el posmodernismo de la textualidad – siempre prevalece la que deja ver cierto tinte de finalidad escondida, quizás como resultado de nuestra necesidad de optimismo), por lo que es realmente divertido ver los esfuerzos de los pensadores para encajar sus ideas en la cama de Procusto que su época le tiene reservada operación que a la vez desnuda involuntariamente el secreto que consiste en que lo mismo muestre que es otro, no como un travestismo de los conceptos (sería así si entendiéramos que algo bien definido «quiere» ser otro y se transforma en consecuencia) sino como su ajenidad misma, como parece ser el caso de esa corriente de origen incierto (al final del día también los leptones lo son) que todo lo atraviesa y parece duplicar el problema de la consciencia (¿es un emergente de las partículas (y antipartículas) que nos componen? – lo que abre el debate de las posibilidades de la inteligencia artificial de emularnos cayendo una vez mas en lo que va de la historia en un dualismo que, a pesar del mismo Bergson, vuelve a colocar a las cosas en la línea del despreciado tiempo de la ciencia en dirección opuesta a la duración propuesta.