La democratización del arte

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La democratización del arte 

«Un hombre en su sueño profundo o fuertemente ocupado con un pensamiento, es insensible al tiempo; y tanto como sus percepciones se suceden unas a otras con mayor o menor rapidez, la misma duración aparece más larga o más corta a su imaginación»…»Si giras en círculo un carbón ardiente con rapidez presentará a los sentidos la imagen de un círculo de fuego; no parecerá haber intervalo alguno de tiempo entre sus revoluciones; simplemente porque es imposible para nuestras percepciones sucederse unas a otras con la misma rapidez, que el movimiento puede ser comunicado a objetos externos. Donde no tenemos percepciones sucesivas, no tenemos noción de tiempo, aún cuando haya una sucesión real en los objetos.» (De “A Treatise of Human Nature”, por D. Hume)

«… lo que termina por darle certeza [al analista] es, justamente, la complicación del problema que ha de resolver, problema comparable al de los rompecabezas infantiles, formados por una imagen en colores, pegada sobre una tablilla dividida en muchas piezas por cortes curvas y quebrados, cabiendo ajustadamente el conjunto en un marco de madera.» (De “Observaciones sobre la teoría y la práctica de la interpretacion onírica”, por S.Freud)

Los filósofos aman las paradojas, según Hume, para evidenciar su superioridad en su alejamiento (cuanto más pronunciado, mejor) de concepciones vulgares, tendencia reforzada por la sorpresa y la admiración que provoca lo que no se entiende, envuelto en un halo de misterio (podrían dar testimonio las sectas formadas alrededor de los seminarios de Lacan, siempre en la secreta —por vergonzante— esperanza del supuesto saber), degradando en parte la afición por la búsqueda de la quinta pata del gato, por otro lado inevitable, más allá de motivaciones non-sanctas (como toda motivación hasta la llegada de Kant y su asíntota en el deber), por la proliferación geométrica de las ideas y sus combinaciones infinitas, que no pueden detenerse aún en el marco impuesto por las percepciones (de hecho, la búsqueda de unidades cada vez más pequeñas ha dado lugar al acelerador de partículas) que se potencian con las debidas prótesis, en un camino inverso desde la idea hacia la percepción, que abre el escenario de modificaciones esenciales en dos direcciones, con una nueva perspectiva para la psicodelia (en la que se puede incluir metodologías de meditaciones varias), capaz de detener el tiempo (la certeza del tiempo «allá afuera» es solo una propuesta — sin necesidad de fundamento, se puede recurrir a las variadas metáforas que los físicos desprenden de la relatividad y de la mecánica cuántica) con solo la astucia de la redefinición de lo que es «uno» (las sucesivas posiciones del carbón encendido se convierten mágicamente en «un» círculo), siempre imprescindible para hablar, cuestión que, más allá del primer impacto, potencialmente a ser capitalizado por un feroz escepticismo (con el que Hume simpatizaba pero en su versión suavizada), libera de arbitrariedad al marco a priori que Freud rellena con piezas de formas caprichosas, para otorgarle la inusitada soberanía de un juego de niños, que absorbe el universo en un instante sin duración, en una muestra más de la democratización del arte.