La encrucijada perdida

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La encrucijada perdida 

«La transferencia de un gen entre dos células mediada por MGE (Mobile Genetic Element) presupone el movimiento desde el genoma bacteriano a MGE, y también desde ese MGE al siguiente genoma bacteriano.»…»Es importante destacar esta consideración sobre la intersección entre el descenso vertical y la externalización de genes sugiere una estrategia alternativa para la retrodicción. En lugar de asumir que los genes homólogos coalescen (remontándose a una copia ancestral única en un genoma ancestral común)… los genes se diseminan y los genomas se disipan a través de comunidades de intercambio genético.»…»Como tales, los organismos son ‘mosaicos temporales’…”Hyperciclos [El ácido nucleico produce enzima involucrada en la réplica de ácido nucleico (problema del huevo y la gallina)] no solo pueden preservar su contenido de información original sino también agrandarlo y estabilizarlo…»…»Para hacer inferencias sobre el pasado… se basan en el uniformismo, la noción que los procesos evolutivos de ayer eran los mismos que los de hoy… antes de que los eucariotes evolucionaran, los modos de generación de variación genética eran muy diferentes de lo que son ahora.» (De «Everything Flows», ed Dupre, por Bapteste) 

Se puede decir sin demasiados pruritos que el respeto desmedido al linaje esconde un trabajo político – en realidad toda intuición está destinada a ser presa de la exaptación, extraída de su verdad para ser cooptada (las plumas no despliegan morales ni como reguladores de temperatura ni como aerodinamia para volar) consistente en apoderarse de una retrodicción (es sin duda clave la predicción hacia atrás para establecer el espacio en el que convive con el pronóstico, verdadera herramienta de dominio – aún la relatividad general desplaza la no reversibilidad del tiempo a un fenómeno menor e indeseado como la entropía) que explica la evolución clásica, con la debilidad del talón en el ‘eslabón perdido’, bastante más que una metáfora, casi el nombre para un cicatrizante que aguanta para pasar desapercibido, ocupando el lugar de la figura de enlace faltante en esa sucesión arbórea genética que ciertamente puede presentar logros (el ámbito provinciano al que todo está condenado, permite pruebas de las más diversas y convincentes) – al fin del día no se le puede achacar exclusividad en el delito de falta de pegamento que toda teoría sin excepción adolece -, que Deleuze vio epitomizada en el nombre de Platón, en la interpretación de un mundo de copias asintóticas a la Idea y que combatió con las intersecciones de series, haciéndolas proliferar pero nunca lo suficiente (conectivas, congiuntivas, intangibles, paralelas, etc) para abarcar lo que ya se escapó, porque en la infinidad de cruces que nos han traído hasta aquí, se desnuda casi impúdicamente la imposibilidad de juzgar hacia atrás, actuando la enorme injusticia de retratar el momento en el que una eventual encrucijada en el pasado, destilaba su sentido perdido para siempre.