La eternidad alucinada

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La eternidad alucinada 

«Ya he observado al examinar los fundamentos de las matemáticas que la imaginación, cuando se pone en cualquier línea de pensamiento, tiende a continuar incluso cuando su objeto le falla, y como una galera movida por los remos, sigue su curso sin ningún nuevo impulso.”…”La naturaleza y esencia misma de la relación es conectar nuestras ideas entre sí y ante la aparición de una, facilitar la transición a su correlativa. El pasaje entre ideas es por tanto tan suave y fácil que produce poca alteración en la mente y parece la continuación de la misma acción; y como la continuación de la misma acción es un efecto de la vista continua del mismo objeto, es por esa razón que atribuimos igualdad a cada sucesión de opciones relacionadas.» (De “A Treatise of Human Nature”, por Hume)

«Lo siniestro se da frecuente y fácilmente cuando se desvanecen los límites entre fantasía y realidad; cuando un símbolo asume el lugar y la importancia de lo simbolizado y así sucesivamente.» (De “Lo siniestro”, por S. Freud)

«Dios operaba para él un milagro secreto: lo mataría el polvo germánico, en la hora determinada, pero en su mente un año transcurría entre la orden y la ejecución de la orden. J. Hladik murió el 29/03, a las 9.02 de la mañana.» (De “El milagro secreto”, por Borges)

La psicología cognitiva ha basado la posibilidad de cura en los prejuicios que la mente no puede dejar de proyectar al constituir el elemento esencial del ser en el mundo, mecanismo detectado por Hume algunos siglos antes, al que le ha agregado la posibilidad de modificación, como si la anticipación irremediable pudiera ser tallada de manera de evitar los efectos indeseados, obviando el hecho que la propensión distinguida por Hume — de la que solo pretende copiar lo que sirve a su práctica, desechando todo lo demás, haciendo gala de la pereza necesaria para establecer cualquier disciplina — es un pegamento de ideas que excede a la razón, indominable por ser un principio de la naturaleza (del que es mejor no hablar, siendo el límite de una indagación inútil por lo abstracta), que una vez enlazado, vuelve a reproducirse geométricamente, dejando al descubierto una ineficacia total de la captura y el moldeado, como un fantasma inevitable que se replica cada vez que se siente acorralado (quizás todas las prácticas «psi» deberían bañarse en la modestia del análisis interminable, cuyo valor de todas maneras es incierto), que abre una puerta insondable que la razón aprovecha — como si la razón estuviera al acecho para desnudar contradicciones para generar combustible — para diluir definiciones precisas de fantasía y realidad (la identidad no es otra cosa que una fantasía a la segunda potencia, postulando el conteo de a uno de una determinación arbitraria para luego asimilar sus fotos a la continuidad de una película cuya principal particularidad es la de ser más o menos compartida), destapando abiertamente el espacio de lo siniestro para alucinar (o ver) lo que tapa la falta (y aquí la castración es el hueco que simboliza el hueco que simboliza el hueco, etc.), en donde 2 minutos (o uno o medio o un cuarto, etc.) es un año o una eternidad cuando se ha llegado a la gracia del instante previo a entenderlo todo.