La ética que se aleja

Screenshot
Screenshot

La ética que se aleja

«Solo son necesarias dos cosas: 1) una acumulación gradual de energía; 2) una canalización elástica de esta energía en direcciones variables e indeterminables, al final de las cuales hay actos libres.»…»Soy entonces (de­bemos adoptar el lenguaje del entendimiento, ya que so­lo el entendimiento tiene un lenguaje una unidad que es múltiple y una multiplicidad que es una sola.»…»La uni­dad y la multiplicidad son categorías de la materia i­nerte, el impulso vital no es ni la unidad pura ni la mul­tiplicidad pura, y que si la materia a la que se comu­nica lo obliga a elegir uno de los dos, su elección nunca será definitiva: saltará de uno a otro indefinidamente.» (De «Henry Bergson Premium Collection»).

Parecería que estamos en presencia, una vez mas (sería interesante hacer una taxonomía de los filó­sofos que han sufrido el mismo síndrome porque podríamos asombrarnos del elevado porcentaje), de un pensamiento que encuentra la contradicción en lo real (quizás esa categoría superpoblada se deba a que ese hallazgo es el inicio de todo pensamiento que pretende desdoblamientos varios para posibilitar algún acceso) y quizás deberíamos preguntarnos por qué inteligencias tan excelsas han abjurado de esos encuentros, en algunos casi derivándolos compul­sivamente al olvido (pero a esta altura sabemos que no por mucho tiempo), en vez de declarar, a lo Wittgenstein, que todo lo escrito de nada sirve si no es para mostrar lo que no puede describir pero con la condición de arrojar la escalera convertida en inservible, y caemos en la cuenta que el mismo Wittgenstein debió imponerse el olvido para escribir su libro, solo al final declarado incompetente, como si alguna clase de amnesia fuera imprescindible, no para acumular en energía (sería interesante tratar, al menos por momentos, de despegarse de conceptos de la física), sino para entablar un como sí que paradóji­camente despliegue lo real en una contradicción diacrónica – aquella intuición no solo como punto de partida sino también como de llegada (¿no es otra muestra, una vez más, de performatividad, que elimi­na de cuajo la necesidad de dos verdades jerárquica­mente disímiles?) -, que en un giro completo genere «apres-coupe» aquello de lo cual es efecto, eliminando a la vez el mito de los orígenes, siempre excusa para generar métodos y consecuentemente dominios, dejándo­nos el peso, luego del festejo por las sucesivas liberacio­nes, de la definición de una ética que se muestra, para nuestro pesar, exageradamente alejada.