

La falsa abolición
«El ve, no objetos, pero patrones de ondas de luz. El escucha, no ‘música o sonido significativo’, sino ondas acústicas. El se ve sorprendido por la revelación repentina que toda sensación y percepción están basados en vibraciones de onda. Que el mundo a su alrededor que hasta ahora tenía una solidez ilusoria, no es más que un juego de ondas físicas. Que está involucrado en un show de televisión cósmica que no tiene más sustancialidad que las imágenes en su tubo de TV. La estructura atómica de la materia, por supuesto, es conocida intelectualmente por nosotros, pero nunca experimentada por el adulto excepto en estados de intensa alteración de consciencia. Aprender de un libro de texto sobre la estructura ondulatoria de la materia es una cosa, experimentarlo —estar en ello— con el viejo, familiar, bruto confort alucinatorio de casas ‘sólidas’ desaparecido e indisponible, es completamente otra cosa.» (De The Psychedelic Experience por T. Leary). «Luego presiono durante unos segundos la frente del enfermo situado ante mí, lo libro de la presión y le pregunto con tono calmo, como si estuviera descartada cualquier decepción: ¿Qué ha visto usted?» (De “Estudios sobre la histeria”, por S. Freud)
En un párrafo perdido, Freud confiesa la necesidad de un cierto nivel de inteligencia del lado del paciente (las confidencias de Freud exceden los niveles habituales de los científicos —sobresaliendo sus fracasos en las esperadas curas), comentario que, a pesar de estar hilado a la práctica catártica compartida con Breuer, no es ajeno a la continuidad hipnosis-catarsis-presión de mano-asociación libre, poniendo en evidencia un problema mayor que su apariencia, que hace dudar del mecanismo expuesto («Por lo tanto, el no saber de los histéricos era en verdad un … no querer saber»), enlazando al paciente y su terapeuta en la misma cadena casero – camisón – cama – ciudad – carromato, que surgen a partir de sucesivas presiones en la frente (equiparable a la orden de su sucesor, la asociación libre) — y no hay diferencia si la progresión es de imágenes: ‘sol con rayos, estrellas con luz lunar, cruz negra’, todas desencriptadas en palabras — que inician una aparente deriva, capaz de destrabar ese flujo obturado que ha paralizado brazos y piernas (y las metáforas hidráulicas también vienen a cuento como un préstamo simbiótico de los paradigmas científicos), similar al que, con putativa más profundidad, pretende la racionalización del uso del LSD, enmarañada en los conceptos básicos de la física (a la que se asiste en forma de metáforas, fuera de todo rigor, recalando solo en un sentido común de gente informada), que a pesar de su volatilidad (ya no hay tantos que piensen la estructura del universo como en los 60) parecen tener un anclaje ontológico único en el ascenso o descenso a vibraciones que se convierten en el último escalón de una iluminación que se revela como una nueva ilusión, cerrando un círculo claustrofóbico compuesto por las mismas cadenas que se anuncian a destiempo como abolidas.