La filosofía y la cama de Procusto

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​La filosofía y la cama de Procusto

​“De esto se sigue que la capacidad más completa de ser conocido, es decir, la mayor claridad, distinción y susceptibilidad de una explicación exhaustiva, pertenecerá necesariamente a lo que compete al conocimiento como tal y por lo tanto a la forma del conocimiento; pero no a lo que en sí mismo no es idea, no es objeto, sino que se ha convertido en conocimiento solo entrando en estas formas; en otras palabras, se ha convertido en idea, objeto.” (De “Works of Arthur Schopenhauer”)

​Quizás la filosofía no sea otra cosa que el intento de abordar ese pasaje esquivo de aquello que es, a eso que nos es dado percibir (que en esta instancia se deja dócilmente conocer) y también quizás sean los libros escritos en su nombre el resultado de la pérdida de paciencia a partir de llevar la pregunta cada vez un poco más allá hasta el punto de la desesperación por la inexistencia de respuestas (¿cómo se venderían libros que no dijeran nada, aún peor, de dónde se sacaría la energía para leer letras que se declararan vacías en el mismo prefacio? — no en vano Wittgenstein declara su impotencia al final, cuando ya supuestamente, ​hemos perdido lastimosamente nuestro tiempo), y aún la hipótesis de Schopenhauer que mantiene aparte la voluntad (paradójicamente un nuevo nombre al viejo concepto de noúmeno de su maestro Kant, no menos enigmático y dentro de la cadena de explicaciones de las que se autoexcluye en su inevitable definición) de las relaciones vacías entre lo que aparece — entre las cuales estamos nosotros mismos, nuestros cuerpos y nuestras ideas —, ese entretejido ilusorio interdependiente, sin contenido, y solo expresión de aquella ‘X’ que presiona para mostrarse, llegando a pujar tan tremendamente en algunas mentes, que provoca nacimientos que los más inteligentes (aquellos que son duros de engañar) definirán como prematuros, contrahechos, monstruosos, y que los más ingenuos festejarán en cada letra, porque sin explicación alguna, en esas mismas fallas que otros desechan por no ajustarse a las medidas de sus limitadas camas, ven la inefabilidad de lo que se presenta y se retira en el mismo instante.