

La ilusión del mundo
“Prop XVI. La mente humana no percibe ningún cuerpo externo como existiendo realmente, excepto a través de las modificaciones de su propio cuerpo. Prueba: Si el cuerpo humano de ninguna manera es afectado por un cuerpo externo dado, entonces tampoco lo es la idea del cuerpo humano, en otras palabras, la mente humana, afectada de cualquier manera por la idea de la existencia del mencionado cuerpo externo, no percibe de ninguna manera su existencia. Pero, en tanto el cuerpo humano es afectado de alguna manera por un cuerpo externo dado, entonces percibe el cuerpo externo. QED. Corolario: En tanto la mente humana imagina un cuerpo externo, no tiene un conocimiento adecuado.” (De “Ethics”, por B. Spinoza)
“No puedo vivir Contigo – Eso sería Vida – Y la Vida está ahí – Detrás del Estante … / No podría morir – Contigo – Porque Uno debe esperar Cerrar la Mirada del Otro – Tú – no podrías – Y yo – Podría esperar y ver como Tú – te congelas – Sin mi Derecho de Congelarme – el privilegio de la Muerte? … // / fueras Tú – salvado – Y yo – condenada a estar donde Tú no estuvieras – Ese yo – sería el Infierno para Mí. Entonces debemos separarnos.” (E. Dickinson)
En el primer episodio de la película “Más allá de las nubes” (Antonioni-Wenders), Carmen y Silvano se fulminan el uno al otro apenas cruzan sus miradas, con Silvano postergando por siempre el contacto físico con su amada (en la primera noche decide hacer fracasar la espera de ella, y después de 3 años recorre su cuerpo con su mano a milímetros de su piel) como si una cierta materialidad del acto (cualquier cosa que esto signifique) despojara al amor de su esencia (en otro episodio, Nicolo experimenta la misma frustración en reversa, con la mujer elegida lista para presentarse a un convento), renunciando al contacto de cuerpos que en la geometría de Spinoza no pueden ser conocidos, o más bien, cuyas “realidades” no pueden diferenciarse de la ilusión del cuerpo afectado – son las partes fluidas, blandas y duras del cuerpo unificado por las ganas de perseverar las que hacen pensar en algo allí afuera – en una especie de solipsismo especial solo roto por las dudosas leyes a las que su acceso, sin embargo, nada garantiza (basta pensar en la proliferación, que no para, de teorías de la física moderna), quedando un vacilante recurso de una meta-meta ley vedada para todos, que conduce una y otra vez al indeseado lugar en los que la frontera con la ilusión se disuelve, sin poder decidir entre Zhuangzi y la mariposa, que hace deslizar las placas por debajo que originan el mismo sismo de la existencia, condenando a las almas a intentar poseer lo que no se tiene, no se ha tenido nunca, ni nunca se tendrá, solo a través de su renuncia sin promesa, solo mitigada por la potencia de algún posible rapto que transforme la distancia infinita en la superposición de un fulgor.