La imposibilidad del catálogo

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La imposibilidad del catálogo

«De la misma manera, Heidegger, entre otras tributos reverenciales a Parménides en su Introducción a la Metafísica, escribe: «Cualquiera [es decir, el lector] que esté familiarizado con los standares de tal discurso de pen­samiento [él se refiere al texto de Parménides] debe perder el deseo de escribir libros’.»…» Para esta contra-corriente Parmenides aparece no como el fundador de la filosofía pero como el fundador del peligro de abs­tracción dentro de la misma filosofía, esto es, como el fundador de la abstracción, o el fundador del tipo de filosofía que rechaza la vida. Como resultado, la figu­ra de Parménides está saturada en cuanto se identi­fica tanto como el fundador del discurso filosófico y como el fundador de la amenaza a ese discurso. (De Parmenides», por A. Badiou)

Es conocido el principio de la «menor acción” que gobierna a la física (sin distinción de ramas tan disimiles como la relativistica o la cuántica), mucho mas determinante en las teorías de lo que en apariencia se muestra (influye aquí la inmersión en abstraccio­nes exhorbitantes que provocan la pérdida completa de propósito – al fin del día los científicos son hu­manos), casi regenteando el rumbo de las fórmulas (que por supuesto están expuestas a los dispositivos empíricos de prueba), axioma tan importante (¿debe­rá su importancia a nuestra provinciana experien­cia encarnada en búsqueda de sobrevivencia?) que lo encontramos inclusive en la neurobiología que encuentra en las conexiones neuronales un claro nivel de suboptimalidad comparado con ese patrón que juzgamos como regla, presente en la cantidad de caminos alternativos de cierta recepción a cier­ta excitación (desde ya este mismo encuadre es controversial, toda vez que las localización en áreas del cerebro están lejos de las certezas), como si la evolución (incluyendo la filogenética en el transcurso de nuestra vida) tentara a ciegas cami­nos que luego, aparentemente, desecha (y decimos aparentemente porque qué nos hace pensar que los caminos que no se iluminan son inútiles?), o eligiera senderos energéticamente ineficientes, to­das consideraciones que parten de nuestra expe­riencia de acopio necesario que trasladamos sin más a la administración del universo (por eso es una falacia razonamientos a lo Dawkins porque detrás de una fachada de supuesto coraje, adjudi­cándole ceguera al universo, se esconde el conser­vadurismo de un antropocentrismo oculto), que, si realmente hiciéramos de la valentía nuestra vir­tud, deberíamos describir sin libros, eliminando su deseo, rescatado por Badiou (al fin del día es su trabajo), eliminando la contradicción sobre la que Parménides quiere enfrentarnos en ese momento de decisión en donde se quiere ver la oposición del ser y el no-ser (que se extiende a otro arbitrario par como el ser y la apariencia), maniobra que se hace aún más evidente toda vez que, como un síntoma que se resiste a su disolución, él mismo deja anotado, de paso y lateralmente (aunque la exposición a la luz del día es clave en la conservación del secreto) la imposibilidad de catalogar lo real de las ideas que exigen flotar para ser y no ser a un tiempo.