La ineludible cama de Procusto

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La ineludible cama de Procusto

» Cuando solo vemos la gracia y la flexibilidad en el cuerpo vivo, es porque ignoramos en él los elementos de peso, de resistencia y, en una palabra, de materia.»… » Por un lado, la personalidad moral con su inteligentemen­te variada energía, y por el otro, el cuerpo estúpidamente monótono, que obstruye perpetuamente todo con su obstinación similar a la máquina.»…» Nos reímos cada vez que una persona nos da la impresión de ser una cosa( De Henry Bergson Premium Collection»)

» Tan cierto como que de Dios proviene todo lo bueno, señor doctor, es que una vez me hallaba yo sentado junto a Salomón Rotschild y que me trató como a un igual suyo, muy» famillionarmente».» (De «El chiste y su relación con el inconsciente» de Sigmund Freud)

Es notable como todos (y generaremos aquí una categoría novedosa, como la de los animales que «de lejos parecen moscas») los pensadores-que-escri­ben-libros generan cada uno por su cuenta, su propia cama de Procusto (y la categoría no incluye a los que solo se inscribieron en el traspaso oral, como si la materialidad de la letra escrita obligara a la consis­tencia siempre forzada para una transmisión supuesta­mente sin fisuras, sin permitir la circulación de la moneda falsa, fácilmente metamorfoseada en los sonidos del ágora), como es el caso de Bergson, que no puede ver en el chiste otra cosa que no sea el contras­te entre su clan vital y el mecanicismo torpe y monótono, empuándonos a una dualidad difícil de explicar (aún dontemplando la consigna de no tentarse con desarrollos científicos para descalificar ideas – sabemos a que nos remite semejante desacierto -, no podemos menos que tomar a las curvas de probabili­dades de la mecánica cuántica como metáfora a la hora de pretender explicar la supuesta solidez de la materia-y aquí se nos ocurre el desembozado del lugar de partida de las ideas que mas allá de su pretendida presentación aséptica, nacen de una concep­ción de la que se nos hace difícil desenvolver su genea­logía(¿es el producto de la superestructura? ¿ lo es de relaciones de producción?) pero que de todas mane­ras se nos presenta en su comprometido origen), que impide, por ejemplo, la visión maravillosa de la condensación freudiana a su vez producto, por supuesto, de otros orígenes non-santos en las palabras citadas de Hamlet «economía, Horacio, economía» quizás podríamos rastrearlos), mas cerca de la contradicción en lo Real y el inconsciente pero no exenta de una nue­va cama que exigirá, inevitablemente, nuevas amputa­ciones.