La inexistencia del plan

Screenshot
Screenshot

La inexistencia del plan

» Por lo tanto, la sociedad mantiene suspendida sobre cada miembro individual, sino la amenaza de correc­ción, en cualquier caso la perspectiva de un desprecio que, aunque es leve, no es menos temida. Tal debe ser la función de la risa.»…» En la risa siempre encontra­mos una intención no confesada de humillar y, en conse­cuencia, de corregir a nuestro prójimo, sino en su volun­tad, al menos en su acto.»…» Un vicio flexible puede no ser tan fácil de ridiculizar como una virtud rígida. Es la rigidez lo que la sociedad mira con sospecha.» ( De «Henry Bergson Premium Collection»)

» Igual orientación nos marcan también las técnicas del chiste intelectual: desplazamiento, errores intelectuales, contrasentido, representación indirecta y representación antinómica que, juntas o separadas, retornan en la téc­nica de la elaboración de los sueños (De «El chiste y su relación con el inconsciente», por Sigmund Freud)

La contraposición individuo-sociedad, de tan citada nos impulsa a abandonarla (¿no será el mecanismo mismo de la dialéctica el demorarse en un foco para advertir que sin mediar acción se convierte en otra cosa, a la manera de algunos dibujos de Escher?) pero quizás lo más curioso sea forzar una teleología social sobre reacciones psíquicas como la risa (¿psíquicas o materiales o ambas?), otorgándole una función bien pensada en su diseño, como si ese principio oculto. de la vida aborreciera lo fijo (es raro pensar un proyec­to tan enrevesado), generando escarmientos a cada paso, como si tuviera que sacudirse a sí mismo en la convicción de la posibilidad constante de estancamien­to (abordaje que probablemente atraviese una época de incipiente movimiento de capitales) y probablemente ese forzamiento que obliga a las cosas a decir lo que uno quiere (¿no ese el sino de todo sistema?) impida la atención flotante que dentro de ciertos límites (Freud también estaba condenado a tener buenos resultados en sus terapias si quería el reconocimiento que induda­blemente buscaba) refleja un atisbo de lo verdadera­mente novedoso, como el que desprende esa relación inédita entre el chiste y los sueños (¿no es la postula­ción de ese mismo vínculo un acto performativo por excelencia?) que ademas de permitir belleza en la prosa que no puede parar de surgir como de un manantial recién encontrado, en-la apariencia de una explicación exhaustiva (que inevitablemente dará la excusa para establecer cuerpos de prácticas y saberes foucaultianos), cumple con la prédica Wittgenstiana de callar en el momento mismo en que nos muestra el resplandor de una nueva lógica que no está dispuesta a cumplir ningún rol en ningún plan.