La inutilidad de Sócrates

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La inutilidad de Sócrates

«Encuentro un pragmatismo aún más radical que el de Ostwald en un discurso del profesor Franklin: «Creo que la noción más enfermiza de la física, incluso si un estudiante la entiende, es que es «la ciencia de las masas, las moléculas y el éter». Y creo que la noción más saludable, incluso si un estudiante no la entiende del todo, es que la física es la ciencia de las formas de aferrarse a los cuerpos y empujarlos!»…»Toda la función de la filosofía debería ser descubrir que diferencia defini­tiva hará para tí y para mí, en momentos definidos de nuestra vida, si esta fórmula del mundo o aquella fórmula del mundo es la verdadera:.. «Sócrates es un experto en ello.» (De «Complete Works of William James»).

El abordaje pragmático sin duda hace descender al conocimiento científico a como «los cuerpos son empujados» – no muy diferente a las ideas de Wittgenstein o Schopenhauer o Hume -, en definitiva, borrando de un plumazo el albur de explicarnos lo que las cosas son, que sorprendentemente sigue corriendo en las mentes de los científicos (no tan sorprendente si lo descubrimos en el medio de disputa de poderes, que, siendo agresivo, se reducen a bajas pasiones, muy lejos del terreno neutro que se propone – y quizá sea aquí en donde la ética tenga algo para decir), pero también (y de una mane­ra tal que el pragmatista debe apurarse a aclarar) acercándose peligrosamente al utilitarismo, a tal punto que debe inventar un antídoto cuyos componentes son concedidos por las creencias religiosas, conde­nadas al exilio por la escasa influencia en «mover los cuerpos» – aunque aquí el lector tendrá algunas dudas sobre esa aparente imposibilidad, asimilán­dose a la óptica que estamos desarrollando – y vueltas a la vida por el pragmatista, que no deja de advertir cierto principio de causalidad aún en aparentes inútiles abstracciones, incorporándolas al conjunto de todos los conjuntos que tienen influen­cia sobre sí mismo (y dejamos acá adrede las vibraciones de la aporía que ni Russell ni nadie ha podido resolver), intentando un movimiento final de validación al equipar su método al de Sócrates, a todas luces en las antípodas (probablemente su posición habitual cuando lo contrastamos con cualquier sistema), si solo miramos por un momento lo que Sócrates nos muestra, en el medio de un océano inútil, lejos de ningun aporte a nuestro bienestar.