

La Luna en el mar
»A estas consideraciones debemos añadir que los milagros, que los milagros requieren circunstancias concomitantes, y que no se derivan de un misterioso poder real que las masas atribuyen a Dios, sino del gobierno y el decreto divinos, es decir (como hemos demostrado en las propias Escrituras) de las leyes y el orden de la naturaleza; por último, que incluso los falsos profetas pueden hacer milagros (De «A Theologico-Political Treatise», B. Spinoza)
Behind Me – Eternity-/ Before Me – Immortality-/Myself- the Term between- Death is a Dialogue between The Spirit and the Dust.-/ ‘Dissolve’ says Death- The Spirit- Sir- I have another Trust-/Death away/Just doubt it- Argues from the Ground-/ the Overcoat of Clay. / Himself- himself diversity An Duplicate divine-/ ‘Tis Miracle before Me – then- / ‘Tis Miracle behind-between-/ A Crescent in the Sea.- (743, Emily Dickinson)
»Detrás de Mí – se hunde la Eternidad – Delante de Mí – la inmortalidad – / Yo misma – el Término entre ambas – / El mismo – a sí mismo diversifica – / En duplicado divino – / Es Milagro delante de Mí – entonces – / Es Milagro detrás – entre medio – / Una Media Luna en el Mar –
La máquina de fotos instantánea Polaroid era toda una innovación al momento del rodaje de la película «Alicia en las ciudades», de Wim Wenders (los actores que participan están maravillados con lo que el aparato es capaz de hacer, aunque, sin embargo, Philip Winter, que la usa todo el tiempo – reconocerá más tarde que es su excusa para no ser él – profiere una de las frases resonantes – Wim Wenders, en el comentario sobre su propia película, confiesa que luego le es difícil despegarse de estas frases, que le resuenan a cada paso, en cualquier circunstancia, como si las frases fueran martillos a los que acude para fijarse en lo real, que no es más que el desarrollo de un guión que, como en el caso de Cassavetes, es un fondo necesario pero no lo es todo – es por eso que para ambos, la emoción del actor es lo que debe aparecer, a veces en su propia improvisación como si solo fueran responsables de generar el ambiente para que algo se produzca – de ahí también su afición (de ambos) a contratar no-profesionales – el mecánico, la empleada de la aerolínea, la misma Alice que Wenders conoció de casualidad en otra filmación) – «nunca muestra lo que ves» – comentario extraordinario, teniendo en cuenta la inmediatez de la foto, que no precisa de la memoria para verificar un fallo, que en última instancia duplica a lo que sucede con nuestras percepciones, porque lo que vemos está separado esencialmente de su imagen (una de las locaciones, Reykjavík, debió ser cambiada a Ámsterdam porque el gobierno de Islandia consideró inmoral el contenido de una película sobre la comunicación entre un hombre adulto y una niña de 9 años), dejando la responsabilidad en el destinatario de desprender la Eternidad del abismo en el Mar, y emocionarse con la Media Luna, como Alice que transforma su deambular en su obra, una niña que, despeinada junto a Philip, es parte de un todo inabarcable.