La mariposa y Zhuang Tze

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La mariposa y Zhuang Tze

«Sin embargo podemos ver de inmediato que hay gra­dos de «engañosidad». Está el caso no-engañoso, cuan­do vemos una imagen-silla y hay una silla. Existe el caso parcialmente engañoso cuando hemos estado mirando en un espejo; en este caso, la imagen-silla que vemos no es la culminación de la sociedad cor­puscular de entidades que llamamos la silla real. Fi­nalmente, podemos haber estado tomando drogas, de modo que la imagen de la silla que vemos no tiene una contrapartida familiar en ninguna ruta histórica de una sociedad corpuscular.»…»La ingresión implica una relación compleja, por la cual el dato sensorial emerge como el objeto eterno «dado» por el cual algunas entidades pasa­das (por ejemplo, el color visto con los ojos y el mal ge­nio heredado de las vísceras y por el que el dato sen­sorial también entra en la objetivación de una sociedad de entidades reales en el mundo contemporáneo.» (De «Process and Reality» por A. N. Whitehead)

Si fuéramos obligados a una reducción brutal para explicar por qué escribimos, podríamos decir que lo hacemos por el horror a ser engañados (en la esperanza no confesada – quizás mas por los cientí­ficos que aseguran verdades robustas – que en la extensión que da la comunicación, algo de construc­ción de la verdad se juega) probablemente por la asociación entre el embuste y la trampa en la que la vida es arriesgada, condenados a un estado de alerta para desenmascarar la aparente de lo re­al (las mitologías dan cuenta de esta búsqueda) y vemos a Whitehead mencionar muy de paso el dile­ma que afecta también a su filosofía, que aún con su alambicado andar, no le es posible evadir, porque los objetos eternos (alejados de los arquetipos platóni­cos ligados solo a la potencialidad de la creación), ingresionados al mundo en busca de aquello que los haga ser, exigen también una diferenciación del fraude que se torna implausible (y en esto Platón saca ventaja en la claridad del sol y la oscuridad de la caverna, que brinda una desigualdad sólida que dimensiona alejamientos o acercamientos a aque­lla perfección de la que solo es dado participar), toda vez que la objetivación causal entrelazada entre ojos, oídos y tactos que la evolución nos regaló (pa­ra no hablar de las pretensiones no-humanas) junto con las vibraciones que creen percibir, carecen de jerarquía en sus acercamientos a una verdad que de repente ha dejado de ser Zhuang tze para conver­tirse en la mariposa que lo sueña.