

La mutilación
“Sabemos por medio de la inteligencia que lo que la inteligencia no aprende es más real que lo que aprehende.”…”En el ámbito de la inteligencia,la virtudes la humildad no es otra cosa quedó poder de la atención.”…”Ello privilegiado de la inteligencia en el amor verdadero viene del hecho que la naturaleza de la inteligencia consiste en el hecho que es algo que es borrado por el mismo hecho de su ejercicio.”…”La ciencia de hoy buscará inspiración por sobre sí misma, o perecerá.”…”Pitágoras. Solo esta concepción mística de la geometría podría haber provisto el grado de atención necesaria para los comienzos de esta ciencia. Y no es un hecho bien sabido que la astronomía viene de la astrología, y la química de la alquimia? Pero interpretamos está filiación como progreso, cuando se hecho la atención se deteriora.” (De “Gravity and Grace”, por Simone Weil)
Lo que asombra de una afirmación de Feyerabend es que no solo la luna y las estrellas se describían de otra manera – cosa que cualquier positivista podría acordar – sino que también se veían de otra manera, en un espacio de razones en el que nacemos y cuya imposición de evidencia en la aceptación social a la que se deben las más firmes convicciones resultando todo en una fragilidad pasmosa del espíritu, capaz de tirar en una suerte de conversión que descansa en mesetas difíciles de predecir, que mantienen la certidumbre un tanto inalteradas por un incierto periodo hasta que un trastocamiento debido a la publicidad de un éxito en el manejo de las cosas (y las diferentes épocas ofrecen diferentes herramientas para lo que en definitiva será la impredecible diseminación homogeinizadora), a la manera de un clinamen siempre inesperado (que aprez-coupe recibirá interpretaciones que son parte de la rueda sin dueño que seguirá girando absorbiendo todo para el próximo quiebre), dejando la rebelión casi en las manos del Bacon Munchaussen con su tirón de su propia solapa, aunque a partir de la atención extrema aplicada por la inteligencia que se interna en un túnel del que no saldrá viva – transmutada en Uroboro que, no sabemos por qué, solo en algunos se despierta – seremos testigos de una disolución casi pirronica – descartando la receta que convierte a la atacados en un dudoso fin –, que situa al misticismo, al absurdo y a la intuición en ante posición a cualquier intento de sistema que lejos de dar testimonio de un putativo progreso, es reconocido in fraganti, como iluminado con un reflector en el momento de su crimen, como el cerebro que, siempre sin saberlo, nos mutila.