

La neutralización
» La vanidad, aunque es un producto natural de la vida social, es un inconveniente para la sociedad así como ciertos venenos suaves, secretados continuamente por el organismo humano, lo destruirían a largo plazo si no fueran neutralizados por otras secreciones. La risa hace este tipo de trabajo sin cesar.»…»Así, Don Quijote ve gigantes donde nosotros vemos molinos de viento. Esto es cómico; también es absurdo.»… «Consiste en tratar de moldear las cosas en una idea propia, en lugar de moldear las ideas de uno sobre las cosas, en ver ante nosotros lo que estamos pensando, en lugar de pensar en lo que vemos (De» Henry Bergson Premium Collection»)
Parece ser clara la utilidad de la inveterada tendencia a la neutralización, aplicada mucho mas frecuentemente de lo que podría imaginarse, quizás por lo insostenible que supone una contradicción sincrónica, que precisa de dos pasos para su asimilación, el primero, su apertura en los 2 términos opuestos y su despliegue en el tiempo (no será este uno de los misterios de su existencia;» la posibilidad misma de la dialéctica que separa para juntar?), que prepara el segundo, a saber, la desesperada búsqueda de ese tercer termino que permita tranquilizar lo que parecía una explosión sin retorno (expresión que abarca también lo específicamente económico por la inversión perdida como lo puramente físico, como la imposibilidad de cálculo de trabajo que requiere la separación que confiere el espacio y el tiempo), para convertirlo en algo útil y comunicable, inclinación que no se detiene ni siquiera en la risa que es transformada en una herramienta que tiene la desventaja adicional de precisar una causa final que además exige un diseñador (no vale encaminarse en la cadena de los «por qué» para frenar arbitrariamente en donde conviene – por mas evolucionistas ciegos que pretendamos ser, no podemos justificar un rasgo de lo real con la supuesta utilidad sobre una variable visible en un millón escondidas), cayendo con estrépito en el mismo error que le es endilgado injustificadamente a Alonso Quijano – el forzamiento de lo real al molde de las ideas propias – que confundiendo molinos con gigantes (¿o gigantes con molinos?) nos interpela en la misma dirección que la mariposa de Chuang-Tzu en la indecidible situación de ser una cosa y otra en un tiempo indivisible que nos permite ubicar a la risa nuevamente en ese terreno familiar y siniestro a la vez, a la espera de nuestra experimentación.