

La paleta de colores
«Supongamos entonces que una persona haya disfrutado de su vista por treinta años, y se haya familiarizado perfectamente con colores de todo tipo, excepto un tono particular de azul, por ejemplo, que nunca ha tenido la fortuna de encontrar. Colóquense ante él todos los diferentes tonos de ese color, excepto ese único, descendiendo gradualmente desde el más profundo al más claro; es evidente que percibirá un vacío en donde se requiere ese tono, será sensible, que hay en ese lugar entre los colores contiguas que en cualquier otro. […] Sigue siendo cierto que todas nuestras ideas simples proceden directa o indirectamente de sus impresiones correspondientes.» (De «A Treatise of Human Nature», por D. Hume)
«El niño observa el acto sexual entre sus padres, y el contenido de esa observación se vuelve la escena primaria. Esta puede ser una experiencia real o una fantasía que el niño construye.» (De «La escena primaria» por S. Freud)
Se puede decir que la excomulgación de Jung es doble, comenzando por la expulsión de su práctica del conjunto de disciplinas científicas compartida con todo ejercicio «psi», para seguir con la exclusión propinada por Freud, bajo el cargo de mitologizar un campo que debería ser puramente empírico (acá también se transparenta el deseo de Freud de evitar la primera de las remociones que también lo abarca), como el que se abre en la asociación libre y en los deslizamientos retóricos de la interpretación de los sueños que en principio deberían estar en las antípodas de la fijeza de los arquetipos, especie de tesoro genético inmemorial, oculto pero con una actividad que regula toda la psique, aunque aquella ausencia de ligaduras (concediendo que la metáfora y la metonimia no producen por sí mismas cierto engrillado) se desmorona en el direccionamiento consecuencia de nuevos casilleros disimulados para apartarse, sin éxito, de lo que critica, porque, plegando a Hume en esta controversia, se cae en la cuenta que el caos de las ideas, de una proliferación infinita (a la gama de los colores, como la distancia que separa a Aquiles de su tortuga, siempre le falta un tono que la imaginación se empeña en llenar, con la misma fortuna de quien pretende completar un barril sin fondo) que hace pensar en un desprendimiento en metástasis desde la impresión original, como si se hubiera creado un monstruo que ya no responde a su inventor, impulsa a la generación de un orden solo proveniente de la postulación de matrices (la paleta de colores, la conservación de la energía, la velocidad insuperable de la luz, el Edipo, la escena primaria, la constante de Planck) que al fin del día equipara a todos los intentos, dejando como único juez a la efectividad y a la amplitud de la manipulación, que sin declararlo, detesta los escapes.