

La piedra
«Prop XII: Cualquier cosa que pase en el objeto de la idea, que constituye la mente humana, debe ser percibido por la mente humana, o habrá necesariamente una idea en la mente humana de la mencionada ocurrencia. Esto es, si el objeto de la idea constituyendo la mente humana es un cuerpo nada puede tomar lugar en el cuerpo sin ser percibido por la mente.»…»Prop XII. El objeto de la idea que constituye la mente humana es el cuerpo, en otras palabras un cierto modo de extensión que existe realmente y nada más.»…»… poseemos la idea de las modificaciones del cuerpo. Por lo tanto el objeto de la idea que constituye la mente humana es el cuerpo y el cuerpo como existe actualmente.» (De «Ethics», Spinoza)
«Una identidad que debe ser rechazada y aniquilada siempre para limpiar el rostro de mi espíritu mediante el autoexamen. Bañarse en las aguas de la vida.» (De «Milton A poem», por W. Blake)
«Entonces digo, La Persona Suprema no tiene una identidad definida, la persona espiritual no tiene méritos particulares, el sabio no tiene nombre.» (Zhuangzi)
La primera película de Scorsese, «Who’s That Knocking at My Door?» («¿Quién está golpeando a mi puerta?») trae consigo a Godard, Ford, Cassavetes, que a la vez traspasa a Jarmusch y a muchos otros en un enlazamiento de ideas que se replica en los cuerpos, como en esos diálogos que conforman una suerte de espesura independiente de los mensajes conducidos (quizás este sea uno de los hallazgos que perdurarán en las formas de filmar), que conforman el medio por el que los personajes se mueven, como si fueran peces capaces de generar el agua por la que se mueven, que a su vez dictan sus reacciones en una interdependencia quizás imposible de desenredar, impidiendo que J.R. gire su vida de adolescente tonto en el cruce fallido con la chica de sus sueños, como si la identidad mostrara su cara fatídica destinada a la tragedia, como un nuevo ejemplo del inalcanzable salto del barón Munchausen sostenido a sí mismo desde su propia solapa, complicación que se amplía asombrosamente en todo lugar que se mire con cierta demora, inclusive en el intento geométrico de Spinoza, que a poco andar lo enfrenta como un monstruo inesperado, cuando la correspondencia uno a uno en su famoso paralelismo de ideas y cuerpos, asimilable a la moderna teoría de conjuntos, ilumina aún más el problema de la idea de la idea de la idea ad infinitum, caída de toda posibilidad de correlato (no hay cuerpos de cuerpos) que recuerda el exceso de la autorreflexividad (desde el «Yo miento» de Epiménides, pasando por Russell, el teorema de incompletud de Gödel, el «Halt Problem» de Turing, el infinito absoluto de Cantor, etc.), cuyo antídoto parece requerir un desenrollado imprescindible (aunque sin influir en su iluminación, Huike se amputa el brazo) para en algún inefable momento frenar el regreso al infinito y convertirse en el correlato de una piedra sin memoria.