

La poesía del universo
«Pero hay desorden en el sentido en que las leyes no son obedecidas perfectamente, y que la reproducción se mezcla con casos de fracaso. En consecuencia, hay una transición gradual a nuevos tipos de orden, superviniendo a un aumento gradual hacia el dominio por parte de las leyes naturales presentes.»…»cada electrón es una sociedad de ocasiones electrónicas, y cada protón es una sociedad de ocasiones protónicas. Estas ocasiones son las razones de las leyes electromagnéticas.»…»Pero los factores arbitrarios en el orden de la naturaleza no se limitan a las leyes electromagnéticas. Están las cuatro dimensiones del
continuo espacio-temporal, los axiomas geométricos, incluso el mero caracter dimensional del continuo – aparte del número particular de dimensiones y el hecho de la mensurabilidad.» (De «Process and Reality», por A. N. Whitehead)
Hemos asistido a la multiplicación permanente de partículas (que algunos insisten en adjudicarla a descubrimientos, desconociendo los dispositivos (electrónicos, sistémicos, sociales), en participación directa a lo que sería más justo denominar invención), para no hablar de la producida en las dimensiones de las teorías de las cuerdas (en algunos casos, ridiculizada por los mismos físicos), que nos hace pensar en la fragilidad de la ciencia, contrapesado por la teoría del progreso, que a pesar de evidencias (es curioso que en la raíz de la insistencia en la existencia de un puerto producto de una acumulación indemostrable, aniden exactamente los propios argumentos invertidos, a saber, el rechazo de la demostración – o al menos su forzamiento, al estilo de «desvío de confirmación»), estima siempre habitar un escalón arriba del pasado y debajo del futuro, abjurando de la posibilidad cierta que las moléculas convertidas en átomos, convertidas en electrones, convertidas en quarks, convertidas en cuerdas, convertidas en vibraciones, convertidas en campos, finalicen su trayecto escurridas de los dedos, dejando solo el remanente de sociedades cambiantes, cuyo sello distintivo consiste en la ausencia de una meta-ley que prediga lo nuevo que se esconde detrás de una creación que es creada en abismo, modificando la forma misma de su modificación, escapando de nuestro afán de dominio, como si el universo se convirtiera a la inefabilidad de un poema.