La rendición de la filosofía

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La rendición de la filosofía

«El término «lógico» tiene su significado ordinario, inclui­da la consistencia» lógica», o la falta de contradicción, la definición de construcciones en términos lógicos, la ejemplificación de nociones lógicas generales en casos específicos, y los principios de inferencia.»…»El lado racional se expresa con los términos «coherente» y «lógico». El lado empírico se expresa con los términos «aplicable» y» adecuado». «Esta doctrina de la necesi­dad en la universalidad significa que hay una esencia en el universo que prohíbe las relaciones más allá de si mismo, como una violación de su racionalidad. La filosofía especulativa busca esa esencia.» (De «Process and Reality», por A. N. Whitehead)

Quizá otra de las virtudes de la filosofía a golpes de párrafo (en otros comentarios nos hemos plegado al concepto de «filosofía a martillazos» que no está del todo ajustado a lo que hacemos), sea la de per­mitirnos un juego con cierto vértigo entre lo que unas pocas líneas dicen y el resto de una obra, varian­do el peso de uno y otro de manera un tanto azarosa, sin forzar en camas de Procusto (cortar piernas y brazos es indispensable para dar clases de filosofía), obligándonos a nosotros mismos a perder la memoria – en la medida de lo posible -, pero al mismo tiempo conservarla (¿como serían posibles las conexiones y los chispazos de analogías inverosími­les, algo que podría diferenciarnos de la AI?¿se­rá capaz de aprender a hilar conexiones inespera­das?), instancias todas que podemos recorrer en estos párrafos cuando los relacionamos con las ideas de flujos solo bloqueados por set de abstracciones liga­das en un mismo plano de duración por cogradianza, lugares sin tiempo ligados en progresión por el empuje de una naturaleza que solo conoce de desenvolvimientos impredecibles, que conllevan en sí mismas su propia destrucción (si los aspectos de lo Real que capturamos son producto de las intersecciones de infinitas series – y no por eso condenados a mera apariencia, toda vez que toda aprehensión encierra verdad -, como podría no serlo también esa misma red que tende­mos a creer que esta vez es la definitiva), dese­chando su propia definición el sistema que vuelve a atacar, desde casi un ángulo clásico como el principio de no contradicción y la aplicabilidad, haciendo sucumbir a la filosofía por un lado a abstracciones restrictivas por excelencia y por el otro a cierto utilitarismo que reclama como verdade­ro solo aquello que la ciencia, en su reconocido provincia­nismo, puede verificar en mezquinos laboratorios.