

La revelación del mundo
»El hombre común no se detiene mucho tiempo sobre la mera percepción, no fija su atención durante mucho tiempo en un objeto, sino en todo lo que se le presenta busca apresuradamente solo el concepto bajo el cual es traído, como el hombre perezoso busca una silla, y luego no le interesa más… Él no se demora; solo busca conocer su propio camino en la vida, junto con todo lo que podría convertirse en su camino en cualquier momento… Mientras que para el hombre común su facultad de conocimiento es una lámpara para iluminar su camino, para el hombre de genio es el sol que revela el mundo.» (De «Works of Arthur Schopenhauer»)
Edgar A. Poe nos enseñó el verbo «demorar» (en realidad debemos conceder que esa traducción artística se la debemos a Lacan — antes de él solo teníamos una carta meramente robada que no nos señalaba la misma cosa) a través de esa carta, que se expone y se oculta al mismo tiempo y solo se entrega a sí misma en aquel que difiere el acto — no hablamos aquí de procrastinación, término más enfocado a la clínica, que no nos interesa demasiado —, que posterga el asalto, como parece ser el consejo de Schopenhauer, en su convicción que es en la percepción en donde nos es dada la posibilidad del arte que la transformará en verdad, abordaje que nos aleja de lo cotidiano, ubicándonos en el terreno de lo «unheimlich», metamorfoseando instantáneamente lo familiar en siniestro (¿no hemos experimentado alguna vez esa sensación de extrañamiento cuando todo está entre paréntesis?), imposibilitándonos de continuar con nuestra vida de manipulaciones imprescindibles, encimando la muerte y la vida, generándose una aparente elección que no puede hacer otra cosa que desembocar en esa polaridad elitista a la que Schopenhauer parece empujado (es notable como a partir de este mensaje perverso, se enreda en disquisiciones lombrosianas), privilegiando al genio sobre el hombre común (también es hasta divertido advertir como sus definiciones tratan de copiar su propio carácter, en la abierta intención de permanecer en el lado correcto), provocando nuestra rebelión, porque reconocemos que desembozar la verdad no acepta ni recetas ni privilegios, ubicada a distancias siderales de todo intento de frenología absurda y extremadamente cerca de la simpleza y de la sencillez accesible por todos a cada instante, capaces de revelar al mundo, ajeno a toda distinción.