La revelación estroboscópica

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La revelación estroboscópica

​“Es solo cuando algo es completamente malo que hay una necesidad inherente e inmediata de girar completamente hacia su opuesto. Justo por eso se puede decir de los judíos que es precisamente porque están directamente ante la puerta de la salvación, que son y han sido reprobados y abandonados.”…“Mediante esta renuncia crea para sí mismo la posibilidad de un nivel más alto de existencia, porque el espíritu es tanto mayor cuanto mayor sea la oposición desde la cual vuelve a sí mismo.” (De “On Scientific Knowledge”, por Hegel).

​Como ha sucedido sistemáticamente con los escritos de Freud, “Los que fracasan al triunfar” ha sido reducido a los niveles de manipulación más sencillos, es decir encorsetado en el Edipo, la culpa y mamá y papá (sin dudas Freud dejó en muchos puntos la mesa servida) aunque, a la hora de pensar debemos desechar las constelaciones que vuelven una y otra vez a explicar para enfocar un tratamiento (¿no fue en realidad la queja del mismo Freud a los manuales de Jung, más cercano a la astrología que a un lenguaje que siempre fluye suelto e impredecible?) — no hay duda de la presión social para que cualquier disciplina que se precie de tal para ser enseñada en la universidad, presente sus credenciales a través de la demostración de sus logros — e introducir cierta indeseada e inevitable oscuridad a la hora de recolectar seguidores — oscuridad que nos obliga a un doble celo permanente si queremos permanecer dentro de los límites de la filosofía, ajenos como queremos estar de todo misticismo —, y con la ayuda de Hegel vislumbramos ese borde que solo aparece cuando nos aventuramos, esa frontera que nosotros mismos creamos con nuestros propios pasos y que nos separa de la verdad, fuera de toda correspondencia, y que habita ese lugar indefinido y preciso al mismo tiempo en el que sentimos que estamos extremadamente cerca y al mismo tiempo, en una reversión que vibra de un lado al otro, nos aleja a años luz de un objetivo que — nos damos cuenta en ese vértigo sin fin — nunca estuvo ahí y, sin embargo se revela una y otra vez, como si lo iluminara por siempre una luz estroboscópica que cubre y descubre sin que podamos diferenciar los instantes.