La separación de la verdad

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La separación de la verdad

«Y el matemático que supiera la posición de las molécu­las o átomos de un organismo humano en un momen­to dado, así como la posición y el movimiento de todos los átomos del universo capaces de influir en él, podría calcular con infalible certeza las acciones pasa­das, presentes y futuras de la persona a la que pertenece este organismo.»…»La necesidad de los hechos fisioló­gicos por sus antecedentes se deriva del teorema de la conservación de la energía, tan pronto como exten­demos este teorema a todos los procesos que tienen lugar en todos los cuerpos vivos.”..» Estamos por supuesto llevados a establecer el principio de conservación de la energía como una ley univer­sal. Porque de esa manera nos hemos deshecho de esa diferencia entre el mundo exterior y el interior que un examen minucioso muestra que es el principal: hemos identi­ficado la duración verdadera con la duración aparente». (De «Henry Bergson Premium Collection»)

Quizás a la hora de postular un universo lapla­ciano (absolutamente calculable desde posiciones iniciales y ecuaciones de movimiento) no somos del todo conscientes de su implicancia, expuesta en el párrafo citado, como la necesidad de esa determina­ción para todos y cada uno de los puntos del universo – ¿puntos de materia, de campos, de cuerdas, etc? -, apremiados por las influencias mutuas, solo bajo control con el completo dominio (¿y no es estúpido aceptar una postulación con la certeza de su imposible cumplimiento?, aunque ciertos científicos nos dirán que es solo una cuestión de tiempo que la aceleración geométrica de la capacidad de pro­cesamiento dará debida cuenta con fórmulas que a la vez precisan del axioma de conservación de la energía (axioma que dicho sea de paso sigue siendo la piedra angular de la física moderna – aún la física cuántica y la relatividad se apoyan sobre él), obligando a Bergson a un nuevo axioma para sal­var la diferencia esencial entre la duración y el tiempo falso en su mapeo en el espacio (de paso, no aparece un problema insoluble en la consideración del tiempo como 4ᵗʰ dimensión?), que no es nada menos que la separación radical del adentro, que a veces parece estar limitado a los seres con conscien­cia, levantando nuevos problemas en su definición toda­vía no resueltos, y el afuera, mecánico y previsible (que no sabemos bien de que está compuesto), llegando a la última audacia (y quizá esta sea la consecuencia ineludible de la postulación de cualquier axioma) que consiste en el albur de convertirse en el héroe que, de una vez por todas, ha separado para nosotros lo ver­dadero de lo falso.