La silueta vacía

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La silueta vacía 

«Dawkins codificó la adaptación como una relación entre ‘replicadores’ (usualmente genes) y ‘vehículos’—… ‘interactores’…, los cuales, la mayoría de las veces para Dawkins, son organismos individuales. Tienes variaciones entre replicadores que se traducen en variaciones expresadas por las interactores. Los interactores son diferencialmente seleccionados de acuerdo a sus propiedades por varias presiones selectivas y, si estas características son hereditables, esto a su vez se traducirá en representación diferencial entre los replicadores de la próxima generación.”…»En esta visión de la evolución, el peso explanatorio recae en el replicador, dado que es el único común denominador a través de las generaciones…». “El calamar ‘Bobtail’ Hawaiano… interactúa con la bacteria Vibrio fischeri, de tal manera que genera luz (…bioluminiscencia…) ¿Quien es el individuo que lleva adelante la adaptación? ¿Para quien es bueno brillar? (De «Everything Flows», ed Dupre, por Bouchard)

El gen egoísta de Dawkins, más allá de pisotear los mismos principios que él mismo esgrimió para combatir otras metáforas – ni siquiera es capaz de sobrepasar el principio de falsibilidad – (y en este punto, lo incompatible no remite al uso múltiple de potenciales y contradictorios axiomas, sino a su ira para seguir aferrado a un sistema mediante disfraces intencionados), pretende descubrir dentro de esa dudosa (como cualquier otra) especulación la delimitación de una ética – el altruismo como epifenómeno producto de una simulación que da resultados, como una estrategia del ‘juego del prisionero’ instintiva (y por lo tanto la adjudicación arbitraria de ‘pulsiones’ – o como se llame – a la aún más arbitraria unidad de cuenta) – que pone en evidencia lo que no remite a un caso especial de fanatismo (al fin del día son estas caricaturas convertidas en best-sellers las que desnudan una verdad retorcida en ese mismo síntoma) sino al imperialismo que todo supuesto saber persigue, desacoplado de su función de metáfora para legislar, generando un espacio casi claustrofóbico en donde la toda palabra es forzada a ingresar a la misma dimensión de razones, como si existiera la posibilidad de exorcizar sistemas con sistemas, expulsando lo que de todas maneras es invisible, porque la simbiosis que parece agrietar la idea del replicador, no hace otra cosa que asegurar el área de discusión, muy lejos de componer algo distinto a causa de un requerimiento que no puede presentarse sin abjurar de sí mismo, a causa de una valentía que no puede ser demandada -¿quién daría testimonio de un escepticismo hiperbólico del que nada ni nadie puede salvarse?-, retratando la imposibilidad de encontrar la ética en donde se la busca, como si no tuviera forma propia, dependiendo de la silueta vacía que queda entre dos figuras.