La superficie abismal

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La superficie abismal

«Schwinger les dijo a su audiencia que él consideraría un campo electromagnético cuantizado en el cual cada pequeño volumen de espacio es ahora manipulado como una partícula”…»Bethe notó que las matemáticas formales silenciaban las críticas, que levantaban preguntas solo cuando Schwinger trataba de expresar ideas físicas sencillas…»Schwinger ocasionalmente escuchaba lo que sonaba como crítica entre el aplauso; comentarios al efecto que el era un Paganini sin alma, todo destello y técnica en lugar de música, que él era más matemático que físico; queell también cuidadosamente suavizaba las aristas rudas.»…»Una partícula es una cosa cohesiva. Sabemos que tenemos una partícula solamente cuando la misma cosa permanece mientras el tiempo corre. «…» Los experimentos prueban el campo solo crudamente – miran a grandes espacios y largos tiempos.»… La esencia estriba en reconocer que las teorías de Maxwell y Dirac no son acerca de electrones, positrones y fotones sino acerca de un nivel más profundo.» (De: «Genius: The Life.. of R. Feynman”, por J. Gleick).

La dialéctica corporal jugada entre un supuesto a autor y su época (la idea de autor doblemente en juicio – desde las multitudes que lo tamizan (es posible encontrar a Anaximandro, a Tales, a Zhuang Zhu, dentro de pilas de transcripciones?), hasta la compulsión de su tiempo -, arrastrado como un on tsunami (Mozart componiendo para un pseudo piano de 5 octavas y unos pocos músicos – para no hablar de la evolución del violín con puentes más grandes, cuerdas de acero en lugar de tripas, solo muestras de lo que magistralmente identificó Deleuze en el sutil detalle de la invención del estribo para ganar guerras), sin grados de libertad para hacer otra cosa (la explicación de por qué Mozart y no otro sigue por el mismo camino de saltos sobre detalles que las renormalizaciones no desean tener en cuenta), que nos trae a Monet estimulando a Debussy a hacer música impresionista que continuara su pintura enhebrada sobre un hilo de plata que ni siquiera él podría reconocer, todos atribulados por un torbellino indescifrable dividido apropiadamente en lenguajes que facilitan el supuesto saber (las matemáticas inhibiendo las preguntas de las fisicos, avergonzados, como todos nosotros, por lo que no dominamos), haciendo aparecer involuntariamente con la evidencia que le es posible, ese entredós, que se cruza una y otra vez delante de nuestros ojos en la absoluta convicción de nuestra imposibilidad de capturarlo.