

La transcripción imposible
«Todas las proposiciones, como la ley de causalidad, la ley de la continuidad en la naturaleza, la ley del menor gasto en la naturaleza, etc, etc, todas estas son intuiciones a priori de posibles formas de las proposiciones de la ciencia.» … «La mecánica Newtoniana, por ejemplo, trae la descripción del universo a una forma unificada. Imaginemos una superficie blanca con manchas negras irregulares. Ahora decimos: sea cual sea el tipo de imagen que hagan, siempre puedo acercarme tanto como guste a su descripción, si cubro la superficie con una red cuadrada lo suficientemente fina y ahora digo de cada cuadrado que es blanco o negro. De esta manera habré traído la descripción de la superficie a una forma unificada. Esta forma es arbitraria, porque podría haber aplicado con el mismo éxito una red con una malla triangular o hexagonal… A las diferentes redes corresponden diferentes sistemas de descripción del mundo.» (De «Tractatus Logico-Philosophicus», de Ludwig Wittgenstein)
Bajo la pena de mantener la necesidad de seguir agregando tortugas a nuestra torre, podríamos decir que pareceríamos tener la necesidad, para lidiar con nuestra permanencia, de unificaciones (¿no tienen grandes ratings los documentales de divulgación que nos prometen explicarnos la ley del universo?) que a su vez tienen como objetivo la manipulación previsible y sin duda es aquí la ciencia la que hace su participación, unificadora por excelencia de lo que pasa «allá afuera», con la intuición —podríamos decir que es lo reprimido de la ciencia misma, aquello de lo que no se puede hablar y está en su base misma— iniciando el camino (no hay duda de lo vergonzante que debe ser reconocerla para quien la ciencia está destinada a ofrecernos verdades absolutas) que se completará con los correspondientes teoremas que pierden su halo maravilloso de su aparente coincidencia con la realidad (no deberíamos perder de vista la conclusión a la vez de la existencia e inexistencia del éter en el experimento de Michelson) cuando nos damos cuenta que es nuestra propia red la que define el edificio tautológico y vacío que sin duda es capaz de descubrir regularidades que definen el progreso tecnológico y cuyo éxito nos confunde hasta tal punto de perdernos en lo que consideramos una traducción, a todas luces imposible porque al fin del día no hay nada valioso que permita ser transcripto.