La velocidad de lo inmóvil

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La velocidad de lo inmóvil 

» La risa debe ser algo de este tipo, una especie de gesto social. Por el miedo que inspira, restringe la excentricidad, mantiene constantemente despierto, en contacto mutuo disfraz actividades de orden secundario que podrían retirarse a su caparazón e irse a dormir, y, en resumen, suaviza lo que la superficie del cuerpo social pueda retener de in elasticidad mecánica.»…» Y, sin embargo, hay algo estético en ello, ya que lo cómico surge justo cuando la sociedad y el individuo, liberados de la preocupación por la auto-preservación, comienzan a considerarse a sí mismos como obras de arte.»( De» «Henry Bergson Premium Collection, Laughter» de Henry Bergson). 

Si la crítica tiene una misión, no es la de encontrar la fisura en lo que se está analizando (carece de mérito encontrar lo que más temprano que tarde cualquiera podría descubrir – aunque es cierto que la investigación, aunque de éxito seguro, al menos nos abre a una genealogía que nos permite estar alertas en el medio de teoremas enredados que esconden ese origen simple y oculto, que debe ignorarse si se pretende generar autoridad), sino la de hacer lucir la transformación de las ideas a la luz del día, como si fuera capaz de filmar para exhibir a diferentes velocidades metamorfosis inauditas (aunque esta sea probablemente una mala metafora porque no es de transformaciones de lo que estamos hablando sino de superposiones de opuestos a velocidades superiores a las de la luz – aunque Einstein nos prohibió el ejercicio), como la que creemos asistir cuando por un lado se nos explica. la risa como vigilante social, condenando a la mofa a las rigideces indeseables para el progreso (el movimiento es la esencia del capitalismo aún en la época en la que Bergson recibe sus ideas), otorgándole una función de control en una teleología al menos dudosa (parece raro coordinar tantos músculos al servicio de un fin tan razonable – tampoco deberíamos olvidar el auge en aumento del origen de las especies que a su vez diera lugar a tantas especulaciones que nos siguen hasta nuestros días (no faltan extremistas que de esa manera entienden al humano como una coronación)), y por el otro se reconoce a la risa en el terreno del arte, corriéndose al lado opuesto de la supervivencia (¿no son nuestros síntomas las pruebas vivientes de lo artístico de una obsesión, asunto. de. los más alejados. del éxito y la preservación?), reflejando con aquella rapidez superior a la del rayo como la más recalcitrante inmovili­dad puede ser a la vez la más drástica de las alteraciones.